Los que siempre ganan

Cristóbal, ya sé que este es un programa que se emite para Sevilla y provincia, y que las elecciones catalanas nos quedan un poco lejos y que tal vez no sea asunto nuestro, pero lo bueno que tienen estas cosas ―las elecciones, la condición humana― es que siempre son extrapolables a cualquier ámbito de la vida o a cualquier punto geográfico. Por-que en Cataluña o en Andalucía, en Asturias o en Canarias, yo no sé cómo se las arreglan los políticos, pero es que el día después de las elecciones, los escucha uno hablar y mira, parece que todos han gana-do. Aunque no les hayan votado más que sus amigos y sus novias, pero el caso es que todos nos regalan esa sonrisa ensayada, hacen de tripas corazón y nos quieren vender la moto de que ha sido un éxito. Artur Mas ahora se ha descolgado con que el tripartito es una alianza de perdedores y Montilla, el de SOE de Cataluña, a pesar de haber perdido cinco escaños dice que es el PP de Piqué el que debería preocuparse, por no sé qué asunto porcentual de los votos por provincias. Los de Es-querra, tres cuartos de lo mismo, y el único que parece estar contento de verdad es el chaval ese al que nadie le hacía caso hasta que posó en pelota picada, que ha conseguido tres escaños como si fuera un mago que sacase un conejo de una chistera. Y sus enemigos políticos todavía no parecen tomárselo en serio. En fin.
Miedo me da cuando pienso en las elecciones municipales que están a la vuelta de la esquina. El PP y el PSOE en el ayuntamiento de Sevilla convencido de que cada uno ha ganado a su manera. Y esto es digno de estudio, Cristóbal. De verdad. Es como un barco que se hunde en una tempestad y el capitán, a no ser que la punta del palo mayor haya desaparecido bajo las aguas bravas, tiene la caradura de decir que todo va bien porque el resto de los barcos están más o menos igual. Es como el imbécil que es capaz que quedarse tuerto con tal de dejar al enemigo ciego en una pelea. A ver si alguien se da cuenta de una vez de qué va todo esto, Cristóbal, y que me lo explique, porque, lo que soy yo, para qué te voy a mentir, la verdad es que no me entero de nada.

  Andrés Pérez Domínguez, noviembre de 2006


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