Darwin

 Querido Cristóbal: me he estado acordando estos días de una vieja película que me gustó mucho cuando la vi, hace años: La herencia del viento. No sé si la habrás visto. Tal vez sí, o, si no, seguro que alguno de los oyentes sí. Era la historia ―la historia real, por cierto― de un profesor de Biología de Tennessi, al que, en las primeras décadas del siglo XX, llevaron a los tribunales por enseñar a sus alumnos la Teoría de la Evolución de Darwin en lugar de acomodarse a referir a sus pupilos lo mismo que la Biblia nos venía contando durante los últimos veinte siglos.
 Y a veces uno cree, Cristóbal, que las cosas han cambiado. Y no lo digo porque ahora tengamos teléfonos móviles e Internet, sino porque hace un par de semanas leí con gran felicidad la noticia de que mirando el cielo los astrofísicos han descubierto un planeta que se parece bastante a la tierra y en el que podría haber vida incluso. Uno piensa, querido amigo, que si el hombre ya es capaz buscar un planeta como el nuestro en otro sistema solar, aquellos que quieren ignorar a Darwin y a la Selección Natural no es que hayan pasado de moda, sino que incluso no son ya más que un recuerdo remoto del pasado. La Selección Natural, Cristóbal, que ha hecho posible, fíjate, entre otras cosas, que tú y yo podamos estar ahora compartiendo un estudio de radio porque nuestros antepasados fueron más listos que el resto de los animales.
 Pues no, Cristóbal, y en el mismo país que fue capaz de hacer que un hombre pusiera el pie en la Luna, está a punto de inaugurarse un museo con el único objeto de echar por tierras lo que descubrió Darwin después de darle la vuelta al mundo. Un museo donde, por ejemplo, Adán y Eva comparten espacio con los dinosaurios, aunque los dinosaurios llevasen millones de años extinguidos cuando Eva le entregó la manzana a Adán. Digo yo que son ganas de hacer el ridículo. Y lo peor es que hay mucha gente que se lo cree, gente que todavía es capaz de prohibir la enseñanza de la Teoría de la Evolución de las Especies, gente que cuando desprecia a quienes señalan el cielo maravillados al buscar la respuesta al origen del Universo, me recuerdan aquella frase que me gusta tanto: “Cuando el sabio señala la Luna, sólo los tontos miran el de-do”.

 © Andrés Pérez Domínguez, mayo de 2007

Emitido en Punto Radio el 4 de mayo de 2007

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