El mundo cambiante

Pues sí, Cristóbal. Ya estamos en 2008, pero a mí me da la sensación de que el mundo avanza cada vez más deprisa. Tal vez sea un síntoma inequívoco de que ya me voy haciendo mayor, pero bueno. Son cosas que pasan, y que a mí, si te digo la verdad, no me preocupan. Pero el caso, querido amigo, es que el mundo avanza, queramos o no. En Francia, sin ir más lejos, hay un presidente que se ha echado una novia espectacular y la ha paseado estas Navidades por las pirámides de Egipto y por las ruinas de Petra, en Jordania. Y en Estados Unidos hay un candidato demócrata que tal vez tenga mu-chas posibilidades ―lo veremos en noviembre― de convertirse en el primer presidente negro de la historia, o tal vez vaya a ser una mujer quien se siente en el despacho oval. Pase lo que pase este año termina el mandato de George Bush en la Casa Blanca, y miro de reojo las noticias que vienen de las primarias de Estados Unidos y siento un soplo de aire fresco, que ya va haciendo falta. Y, la verdad, qué quieres que te diga: uno ve a Sar-kozy, que lo mismo se pasea por el Valle de los Reyes con su novia ex modelo que dice que Francia va a volver a ser la superpotencia que fue y acaba creyéndoselo, y te lo digo de verdad. Y luego mira las primarias estadounidenses y piensa que al final las cosas pueden cambiar. Lo malo de esto es mirar aquí dentro, Cristóbal. Mirar España. El PP y el PSOE empeñados en quedarse tuertos con tal de dejar ciego al adversario, los parti-dos nacionalistas frotándose las manos, a ver si pueden sacar tajada después de las elec-ciones de marzo, y te lo juro, querido amigo: de lo único que me dan ganas a mí es de no ir a votar.

© Andrés Pérez Domínguez, enero de 2008


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