El académico José María Merino

Querido Cristóbal:
Como sabemos bien -tú, los oyentes y yo mismo- la vida no es un camino de rosas, y por cada éxito que conseguimos hay tantos fracasos o renuncias por lo menos. Con la gente que te vas encontrando a lo largo del camino, querido amigo, sucede más o menos lo mismo. Quiero decir que muchas veces, más de las que nos gustaría, nos encontramos con gente que nos pone la vida más difícil, como si las cosas ya no fueran lo bastante complicadas por sí solas, gente que pudiendo ayudarte mira para otro lado, como si no fuera con ellos, o tal vez, ya sabes, gente que incluso te pone una zancadilla cuando estás aprendiendo a caminar.
Te preguntarás por qué te estoy contando esto, querido Cristóbal. Pues verás, te lo cuento porque, como te decía al principio, en la vida también le suceden a uno cosas que lo reconcilian con el mundo, y por fortuna a veces te encuentras con gente que sin pedir o sin esperar nada a cambio te ayuda o te anima. Y hoy, Cristóbal, yo quería contarte, a ti y a los oyentes, que desde ayer hay un nuevo miembro de la RAE que se llama José María Merino. José María Merino, Cristóbal, tú lo sabes bien, es un escritor estupendo que con su nombre prestigia más, si cabe, esa institución que vela por la lengua que entre todos nos encargamos cada día de destrozar un poco más. Pero te cuento esto sobre todo, Cristóbal, porque José María Merino es mi amigo, desde hace ya unos cuantos años, cuando lo conocí en un premio literario y prácticamente lo obligué a que me “adoptara”. No sé si será porque el ego, la vanidad y la competencia forman un cóctel antipático, pero el mundillo de los escritores te aseguro que no es fácil, Cristóbal. Es por eso por lo que te digo que encontrar un tipo generoso que disfruta desde hace mucho del éxito y el reconocimiento de los demás puede ser tan complicado como encontrar un tesoro. Conque hoy no puedo sino alegrarme mucho, de corazón, porque a mi querido José María Merino le han dado un sitio en la RAE. Si uno puede llegar a ser importante por la grandeza de sus amigos, Cristóbal, te aseguro que hoy no quepo en mi sillón.
© Andrés Pérez Domínguez, marzo de 2008

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