Ramón el taxista

Querido Cristóbal:
Hoy te voy a contar una cosa que me ha pasado esta semana, y que me ha dado la separata hecha, fíjate. Bueno, lo que me pasó no es nada del otro mundo. Se me había perdido el móvil, algo que le sucede a mucha gente cada día. Me lo dejé en un taxi, y no te vayas a pensar que lo hice aposta, de verdad que no, a pesar de que sabes que no tengo en mucha estima a estos aparatos que están todo el día incordiando y regulando cada momento de nuestra vida. Pero fíjate, querido amigo, el martes me bajé de un taxi y al llegar a la esquina me vi, como la canción de Los Panchos, perdido y en el lodo. Sin móvil y sin poder recuperarlo. Y preocupado, fíjate, yo, que odio los móviles. Anduve unos minutos enfadado conmigo mismo por no haberme dado cuenta de que me lo había dejado en el asiento del taxi, estuve caminando un rato por la calle mientras mi-raba a los taxis, por si tenía la suerte de encontrarme con el que llevaba mi móvil olvidado. Y el caso es que, por la noche, cuando ya lo había dado todo por perdido, recibo una llamada a mi casa, al teléfono fijo, de un tipo que me pregunta si soy yo quien se dejó olvidado el móvil en su taxi. Se había puesto el hombre a buscar en la agenda hasta que pudo localizarme. Ramón, me dijo que se llamaba. Al día siguiente me trajo el vil para devolvérmelo y además no quiso cobrarme la carrera. Y eso, querido Cristóbal, qué quieres que te diga, se merece una separata. Así que ahora, que seguro que hay mucha gente escuchando, quiero decirle a Ramón el taxista que este artículo mío de hoy en la radio va por él. Para mí es la mejor manera que encuentro de pagarle esa carrera que le debo y de darle las gracias.

© Andrés Pérez Domínguez, febrero de 2008

Emitido en Punto Radio el 15 de febrero de 2008

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