Una historia imposible

Cristóbal, la que te voy a decir es una frase tópica, y sabes que a mí las frases tópicas no me entusiasman, pero es que no encuentro otra mejor: la realidad supera la ficción. Lo cierto, querido amigo, es que pocas frases encierran tanta verdad como ésta.Tal vez quienes como yo andamos buceando entre las aguas del periodismo y la literatura, somos quienes nos damos cuenta antes, perplejos, de que, por mucho que queramos empeñarnos, Cristóbal, ni la mente más lúcida de un escritor es capaz de imaginar las cosas que a veces uno lee en las portadas de los periódicos o abren los telediarios. Si el 10 de septiembre de 2001 alguien hubiera escrito una novela en la que dos aviones de pasajeros pilotados por sendos terroristas suicidas iban a derrumbar las Torres Gemelas, lo hubieran tachado de exagerado, de paranoico. Con los campos de exterminio nazi te apuesto lo que quieras, Cristóbal, a que hubiera sucedido tres cuartos de lo mismo. Por eso desde fuera no se podía imaginar lo que pasaba allí dentro. Y rostro del mal lo tiene estos días, Cristóbal, el padre de una mujer austriaca que ha estado secuestrada en el sótano de su casa durante veinticuatro años. No sé, Cristóbal, pero a mí, como escritor, hasta hace un par de días, si se me hubiera ocurrido escribir una historia en la que un padre hubiera secuestrado a su hija durante más de veinte años -a ella y a los hijos que tuvo con ella- estoy seguro de que al final habría desestimado escribirla por irreal, por increíble, por demasiado fantasiosa. Y ahora, querido amigo, lo que de verdad me hubiera gustado es que esa historia tan terrible pudiera ser todavía una historia imposible.

© Andrés Pérez Domínguez, mayo de 2008

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