El río del Edén
No
siempre te apetece presentar un libro. Te lo piden e intuyes que no te va a
gustar. No conoces al autor, y a lo mejor también intuyes que no te caerá bien.
Luego decides si lo presentas o no. Nunca debe ser una obligación. Yo he declinado
invitaciones para presentar libros y otras veces algún colega se ha excusado
para no presentarme un libro a mí. Son las reglas, y al poco tiempo de haber
metido la cabeza en este gremio uno debe aceptarlas. Otras veces te piden que
presentes un libro y no puedes. También me ha pasado algunas veces: o estoy de
viaje, o acabando novela, y para leer apresuradamente y mal (es una
redundancia, lo sé) la obra de un autor al que admiro, prefiero no presentarla.
Pero también, alguna vez, te piden que hagas de maestro de ceremonias con la última novela de un escritor
y dejas cualquier cosa que tengas que hacer para estar a su lado. Lo haces porque,
además de ser buen amigo, admiras y respetas al escritor que con excesiva
generosidad te llama colega y estás seguro de que su libro te va a encantar. En uno
de los muchos viajes que he hecho estos días me ha acompañado El río del Edén, de José María Merino. Por
el desdén con que Iberia trata muchas veces a los pasajeros tuve que quedarme hace un par de semanas
unas cuantas horas varado en la T4. Pero el tiempo de espera en un aeropuerto puede
ser un rato de felicidad lectora, sentado frente a esos ventanales, viendo aterrizar
y despegar aviones, siempre con un punto de asombro, mientras, lápiz en mano, vas
subrayando palabras que te gustan, párrafos enteros. Trescientas páginas que devoras de un tirón.
Hace
un par de días estuve en Sevilla presentando la última novela de mi querido José
María Merino. Ya dije el año pasado que un rato con él es como hacer un máster.
Bastan un par de frases suyas para que entiendas algunas cosas imprescindibles sobre
este oficio tan raro. Da gusto leer sus libros y escucharlo; es académico y tiene
cierto aire de caballero de otra época y aunque hace once años, cuando lo conocí,
me dio permiso para ello, todavía me da un poco de vergüenza cuando lo tuteo. Pero
no os perdáis El río del Edén: una hermosísima
historia de un padre y un hijo que emprenden una excursión para arrojar a un lugar mítico
las cenizas de la madre. Un viaje que cambiará sus vidas. Os lo digo de verdad.
©
Andrés Pérez Domínguez, diciembre de 2012


Comentarios
Un abrazo,