Un novelón
Eso dice Jesús Lens sobre El silencio de tu nombre en su blog. Espero que os guste la reseña:
Tuiteaba un día, mientras leía el último y
extraordinario novelón de Andrés Pérez Domínguez, que daba gusto poder
enfrentarse a una historia en la que su autor no tuviera que preocuparse de
cómo inutilizar el móvil del protagonista. Al móvil telefónico, me refiero.
Y es que “El silencio de tu nombre” es una novela que podríamos
encuadrar dentro del género “de espías”, si tal género existiera en España. Que
existe. Pero que es tan desconocido como una sonrisa en la adusta cara de
Mourihno. Eso sí, si hay un maestro en dicho género, desde luego, ese es Andrés
Pérez Domínguez, cuya obra sigo con pasión desde que publicó “La clave Pinner”,
hará ya… muchos. Demasiados años. (Ve enlazando, desde aquí, para convencerte de esa voracidad, so incrédulo/a).
Creo que solo me
falta por leer una de las novelas de Andrés. Y ya tiene un buen número de ellas
en su bibliografía. Aunque espero cubrir esa laguna bien pronto, sirva el dato
como ejemplo del interés que las historias de este autor siempre me provocan.
Historias que tienen
como eje aquellos ominosos años 30, 40 y 50. Años turbios, oscuros,
sangrientos, duros y complicados, pero literariamente fascinantes. Años en los
que Europa fue el complejo escenario de varias guerras, más allá de la Civil
Española y la II Guerra Mundial.
Guerras como las que
tuvieron que soportar, en los años 50, Erika Walter y Martín Navarro, quienes
pensaban que quizá, solo quizá, podrían vivir en paz, después de haber
sobrevivido a la caída y la destrucción de Berlín.
Libra por libra,
Andrés Pérez Domínguez es el escritor español que más y mejor documentación
maneja sobre aquel período, por lo que la ambientación de sus novelas es,
sencillamente, perfecta. Apenas te sumerges en “El silencio de tu nombre”, te
encuentras transitando por el frío Madrid de los cincuenta, por la Berlín que
se cae a pedazos, al final de la guerra, o por París, nido de espías.
Y, después, están sus personajes. Personajes de esos a los que
no solo te crees, sino a los que te gustaría conocer. Aunque tengan su puntillo
de cinismo: “…en
cuanto Artemio Corona se topaba con alguien capaz de jugarse el pellejo por
aquello en lo que creía, esa persona se ganaba su admiración y su respeto.
Dejarse matar por una causa perdida podía ser una estupidez o un sinsentido,
pero quien era capaz de hacer algo así había nacido con un valor del que él
carecía pero admiraba, y no podía dejar de ponerse de su parte”.
Personajes como ese periodista deportivo, amante de las barras
americanas y frecuentador de Chamartín: “los
periodistas son como los detectives. Siempre acaban metiendo la nariz en
asuntos que no le incumben”.
Novelón. “El silencio
de tu nombre” es un novelón, más allá de sus seiscientas y pico páginas. Un
novelón perfectamente estructurado, con viajes en el tiempo y el espacio que reconstruye
una época de nuestra historia no tan lejana. Y que lo hace con el brío de un
narrador serio, solvente y comprometido con sus personajes, con sus vidas y con
la literatura.
¡Grande, Andrés!




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Un abrazo,