La foto fálica
Con Mordzinski estuve en
Sevilla en julio, y ya dejé constancia en el blog de por qué me acabó retratando con una caña de pescar y una pistola de agua en el Guadalquivir. Sus
fotos van a estar durante un par de meses expuestas en la ciudad y luego se
podrán ver en otros sitios. Os aseguro que merece la pena acercarse. Docenas de
instantáneas de las que podrían contarse docenas de historias. El fotógrafo las
ha vivido todas y lleva un tesoro guardado. Luis Sepúlveda presentó a
Mordzinski y contó que en ciertas tribus indígenas de Latinoamérica existe la
creencia de que si uno se deja retratar se arriesga a perder un pedazo del
alma. Sin embargo, apuntaba el escritor chileno, cuando Daniel Mordzinski te
fotografía sucede justo lo contrario, porque al verte retratado descubres que
la imagen te ha aportado algo que no habías visto antes.
Hoy traigo aquí la foto de un
servidor que Daniel Mordzinski ha elegido para la exposición. Es, como ya conté
en su día también, lo que Enrique de Hériz bautizó como “fotinski”, esto es, la
imagen insólita de un escritor, lo que nadie espera ver quizá. Pero después de
escuchar a Luis Sepúlveda esta mañana no puedo dejar de acordarme de que Carmen
Camacho, que comparte pared conmigo en la exposición en una hermosa fotografía
en la que su desnudez queda convenientemente cubierta por sus manos y las
letras metálicas de una imprenta, al verme en la orilla del Guadalquivir con la
caña de pescar me ha dicho, muy convencida, que la mía no es sino una foto
fálica.
Miré la caña de pescar y me
eché a reír, pero enseguida le dije que, para ser sincero, si en la exposición
había una foto fálica sin duda era la suya...
La cuestión es que Luis
Sepúlveda dijo la verdad: por alguna razón misteriosa que ni si quiera estoy
seguro de si el fotógrafo conoce, los retratos de Mordzinski te regalan algo
que no tenías antes. O que no sabías que tenías...
© Andrés Pérez Domínguez, septiembre de 2013

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