El momento mágico
A muchos escritores el momento que más les
gusta de la creación de una novela es el principio, cuando todo es posible y
el agotamiento y el bloqueo ni siquiera son sombras amenazadoras que con suerte
no aparecerán durante la travesía. Otros obtienen la mayor recompensa al
escribir la palabra fin, y luego estiran las piernas y encienden un pitillo, si
fuman, o se toman una copa. Yo no sé fumar y apenas tomo alguna copa de vez en
cuando, casi siempre por compromiso, pero no por ese motivo mi momento
preferido de la escritura de una novela es otro: aunque me afecta la misma excitación
que a cualquier escritor al comenzarla o imaginarla y puedo decir que no hay
muchas cosas más placenteras que el zumbido de la impresora escupiendo el mazo
de folios de tu novela terminada, hay un momento aún más especial para mí, y es
cuando estás a punto de acabarla.
No acostumbro a dar a leer a nadie lo que
he escrito hasta que he pergeñado varios borradores, ni siquiera hablo de la
trama hasta que la tengo bastante avanzada. Prefiero terminar mi trabajo según
mi propio criterio, aunque es verdad que luego me gusta escuchar las opiniones, consejos y sugerencias de otras personas, por
pura curiosidad. A veces hago caso y a veces no, pero casi siempre he de
encontrar mis propias soluciones para los asuntos que otros me señalan.

Esta mañana, después de nueve meses de trabajo
constante, he llegado a las 604 páginas manuscritas de mi nueva novela.
Teniendo en cuenta que en el ordenador ocupa menos espacio y que hay cientos de
párrafos con anotaciones, cuando se publique serán bastantes menos páginas. Pero eso a mí
no me preocupa: cada historia requiere una extensión determinada, y soy de la
opinión de que, como lector, cuando una novela me gusta, no quiero que se acabe nunca.
Aún faltan seis o siete semanas de trabajo para
finiquitar el borrador, y luego habrá que dejarlo reposar, reescribir, quitar
de aquí y poner de allá, ajustar detalles que ahora mismo, arremangado hasta
los codos, soy incapaz de ver ni siquiera con mis nuevas gafas para la dominar
la presbicia. Pero es el momento que más me gusta, decía, cuando sé que voy a
acabarla pronto pero todavía la novela sólo está en mi cabeza, en mis cuadernos o en
el archivo del ordenador donde voy pasando a limpio el trabajo de cada día. Un
momento mágico y extraño, si es que ambos términos no son redundantes, porque a
finales del mes que viene, más o menos, les daré a leer el borrador a unas
cuantas personas muy queridas, y con suerte se publicará dentro de muchos meses
y tendrá lectores, y a lo mejor entonces ya estaré escribiendo otra novela o la
habré terminado, o tal vez no, y hablar de ésta será aún más raro porque entonces
llevaré otro secreto guardado en mi cabeza. Un secreto, sí, igual que ahora,
que durante unas pocas semanas seguirá perteneciéndome por completo, y al
mismo tiempo que me muero de ganas por saber la opinión de unas cuantas personas
cuyo criterio respeto, me gustaría que la escritura de esta nueva novela no se
acabara nunca, que el mundo que hasta ahora sólo existe en mi imaginación me
siguiera alimentando durante mucho tiempo.
© Andrés Pérez Domínguez, mayo de 2014

Comentarios
Eres muuuuyyy bueno !!!
Un abrazo,
Te quiero comentar que tengo un problema con uno de tus libros, titulado "Los perros siempre ladran al anochecer", no hay manera de conseguirlo, he buscado en internet y en las librerías de mi ciudad, los libreros me han recomendado que tratara directamente contigo ya que eres el editor.
Si no es mucha molestia te agradecería que me lo enviaras contrareembolso, no quisiera abusar de tu amabilidad, pero si me lo enviaras firmado te lo agradecería mucho.
Muy agradecida. Espero tu respuesta.
MARTA.
Respecto a "Los perros siempre ladran al anochecer", te explico: esta novela ganó la primera edición del premio iberoamericano "La Espiga Dorada" en 2009. Yo tengo los derechos y espero reeditarla en el futuro, pero de momento es muy difícil de encontrar. Yo no soy el editor, nunca me he autoeditado un libro, por razones que no vienen al caso ahora. La institución que convocó este premio realizó una edición prácticamente testimonial (sucede igual con otras novelas breves mías, como Duarte o Los mejores años. que también resultaron ganadoras en premios institucionales hace años). Te sugiero que te pongas en contacto con la Fundación Caja Rural del Sur, en Huelva, y tal vez ellos puedan hacer llegarte un ejemplar. Supongo que les quedará alguno, aunque el premio, por desgracia, no volvió a convocarse. Mucha suerte, y espero que, si lo consigues, y lo lees, lo disfrutes igual que los otros.
Un abrazo,