Don Quijote 451


Aburrido estaba ya de oír hablar de los huesos de Cervantes, que no se sabe ni se sabrá nunca si pertenecen al creador de Alonso Quijano, cuando, en el mismo periódico, también de una forma destacada pero no tanto como los párrafos dedicados a un sinsentido al que por más vueltas que le doy no encuentro más utilidad que la que puedan extraer los políticos en este año con elecciones hasta en la sopa, aparece la noticia de que la casa de Ray Bradbury en Los Ángeles ha sido vendida y demolida sin que ya nadie pueda poner remedio. Como tantos escritores, Miguel de Cervantes apenas disfrutó de las mieles de la celebridad, pero Ray Bradbury, quizá porque tuvo la suerte de nacer en el siglo XX y ser norteamericano, sí había encandilado en vida a varias generaciones de lectores de todo el mundo. Pero que menos de tres años después de su fallecimiento el destino de la casa donde el autor de Fahrenheit 451 vivió más de cincuenta años sean unos cascotes no es sino una alegoría de lo que poco que importan los escritores vivos y los escritores muertos, los que disfrutaron de la fama en vida o de quienes nunca la conocieron porque empezaron a ser leídos de verdad después de empezar a criar malvas. Aun a costa de que me alguien me tache de sacrílego o arrugue la nariz, he de confesar que me siento más cercano al autor de El vino del estío que al de El licenciado vidriera
No se trata de comparar ―que Dios o quien corresponda me libre―, y además sería una tontería. Puede que dentro de cuatrocientos años nadie se acuerde de Ray Bradbury y tal vez, ojalá, El Quijote sea de lectura recomendada en las escuelas de alguna colonia en otro planeta. Aunque, quién sabe: lo mismo dentro de cuatro siglos los políticos de turno anden como locos por hacerse fotos en el lugar exacto ―o aproximado o equivocado: da lo mismo, igual que la autenticidad de los restos del genio de Alcalá de Henares― donde se alzaba la casa en la que vivió uno de los escritores que a un servidor más le ha transmitido la pasión por su raro y maravilloso oficio.



© Andrés Pérez Domínguez, marzo de 2015

Comentarios

  1. Pues es una pena , quiero pensar que aquí no ocurriría ,nos gusta recordar ,Buenas noches

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  2. Pues es una pena , quiero pensar que aquí no ocurriría ,nos gusta recordar ,Buenas noches

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  3. Pues es una pena , quiero pensar que aquí no ocurriría ,nos gusta recordar ,Buenas noches

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