Gilipollez viral
Aunque nadie se lo
crea, yo no me había enterado de la existencia del afamado vestido a rayas sobre
cuyos colores nadie parece ponerse de acuerdo hasta ayer, pero parece que más
de veintiocho millones de personas han comentado, compartido o retuiteado la
polémica imagen: unos dicen que el vestido es azul y otros que es dorado. Yo lo
veo azul, pero qué más da si es dorado o de lunares. Lo inquietante es que
tanta gente pierda el tiempo en las redes sociales por una estupidez semejante,
que los telediarios dediquen su valioso espacio para hacerse eco de la
tontería, que en mitad de una tertulia política los invitados pierdan el tiempo
discutiendo sobre esto. Lo digo y me pregunto si no será una contradicción quejarme
de algo de lo que también estoy escribiendo. Nunca miro los trending topics.
Creo que me irritaría. Mi relación con las redes, ya lo he dicho alguna vez, es
muy endogámica: las uso para mantener contacto con mis lectores y algunos
amigos. Pero para cierta gente ser trending topic en Twitter se ha
convertido en un objetivo sin cuya consecución la vida no parece tener sentido,
y a pesar de las indudables ventajas que tienen, una de las cosas que más me
molestan de las redes sociales es la capacidad de igualarnos a todos en
estulticia. Lo del vestido no es sino una prueba más. Ganas dan de apartarse de
este circo, y no cuesta entender a Sallinger o a sus epígonos cuando en las
redes, por desgracia, tiene el mismo valor la reflexión de un premio Nobel que
la gracia escatológica de un botarate en un programa de televisión.
© Andrés Pérez Domínguez, marzo
de 2015

Comentarios