Granada Noir
Las
reuniones donde se juntan varios escritores a menudo se parecen a una
competición ridícula en la que, el que más y el que menos, intenta demostrar
que es el más gracioso, al que agasajan con más ofertas de traducciones
o adaptaciones cinematográficas de sus obras, el que más liga o el que la
tiene más larga, vaya. Por haber padecido esa sensación incómoda alguna
vez, he desarrollado una tendencia natural a declinar participar en la mayoría
de los saraos a los que me invitan, y he de confesar, y no me da vergüenza
confesarlo, que muchas veces estoy equivocado. Cuando en mayo pasado estuve en Granada,
Jesús Lens y Gustavo Gómez me invitaron a volver en otoño para
participar en la segunda edición de Granada Noir.
Hay un par de razones
por las que, a pesar de lo que apuntaba más arriba, acepté: la primera, porque
de niño me enseñaron que hay que ser agradecido con quien se ha portado bien contigo,
y Jesús Lens se había tomado la molestia de zamparse Los dioses
cansados y presentármelo en Granada y, aunque te pueda gustar
una novela o la obra de un autor, a veces, y por diferentes razones, presentar
un libro resulta una carga insufrible; la segunda, porque Granada es una
de las ciudades más hermosas que conozco, y no creo que nadie que camine de noche
por el Paseo de los Tristes ―a un lado el Albaicín y al otro la Alhambra―
tenga los arrestos de afirmar que no ha merecido la pena visitarla.
Hay un par de razones
por las que, a pesar de lo que apuntaba más arriba, acepté: la primera, porque
de niño me enseñaron que hay que ser agradecido con quien se ha portado bien contigo,
y Jesús Lens se había tomado la molestia de zamparse Los dioses
cansados y presentármelo en Granada y, aunque te pueda gustar
una novela o la obra de un autor, a veces, y por diferentes razones, presentar
un libro resulta una carga insufrible; la segunda, porque Granada es una
de las ciudades más hermosas que conozco, y no creo que nadie que camine de noche
por el Paseo de los Tristes ―a un lado el Albaicín y al otro la Alhambra―
tenga los arrestos de afirmar que no ha merecido la pena visitarla.
Acercaos por Granada
Noir hoy, si os pilla cerca, o empezad a organizaros para hacerlo el año
que viene. Os aseguro que merece la pena, que no es una competición entre
escritores para ver quien es el que la tiene más larga, sino una reunión de
amigos.
Le auguro un futuro
espléndido a este festival granadino.
Ojalá vuelvan a
invitarme.

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