John le Carré


 Hace treinta cinco o treinta y seis años que leí El espía que surgió del frío. Fue mi primera novela de John le Carré. Desde aquel flechazo he frecuentado casi todos sus libros. Hace muchos años, en un programa de televisión me preguntaron cuál era la mejor novela de espías y, aunque no soy muy aficionado a las listas, dije que esa de Le Carré en la que Alec Leamas viajaba más allá del muro de Berlín. Lo pienso ahora y no estoy seguro de tener razón, pero recuerdo la emoción impagable al leerla un verano, con doce o trece años, en una vieja edición de Bruguera que aún conservo. Devoro estos días las memorias de John le Carré, Volar en círculos. Algunos capítulos contienen la misma emoción de sus novelas. Si de verdad hay un escritor de historias de espías que merece la pena, sin duda es Le Carré. Si hay un escritor que merece la pena, a secas, sin más atributos, porque, al fin y al cabo, se trata de sentimientos, de traiciones y de lealtades. Los espías y sus aventuras no son sino una excusa.
Hay otros escritores de novelas de espías, muchos. Algunos muy dignos. Pero David Cornwell (perdón, John le Carré) es otra cosa. 

© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2018

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