Dinosaurios
Estaba en quinto o en sexto de EGB cuando inauguraron la biblioteca del
colegio. Quizá siempre estuvo allí, pero fue entonces cuando los alumnos
pudimos usarla. Unos pocos armarios con puertas de cristal en una habitación donde
no había sitio para leer pero podías sacar libros para llevártelos a casa con
la supervisión de un profesor. O tal vez me dejaban porque devolvía los libros
enseguida. Las biografías de Gengis Khan y Alejandro Magno que leí salieron de
aquella biblioteca. El estreno de una nueva película de la franquicia Parque jurásico me ha traído el recuerdo
de un libro sobre dinosaurios que encontré en aquellos armarios destartalados.
Formaba parte de una colección que me gustaba mucho porque los libros estaban
repletos de dibujos en color. Al buscar en Google una imagen para ilustrar este
post he descubierto que se trataba de una serie de volúmenes publicados por la
editorial Molino en los años setenta: ciudades perdidas, animales extinguidos,
guerras... Todo lo que podía alimentar la imaginación insaciable de un niño. En
aquella época los dinosaurios no estaban de moda: diplodocus, tiranosaurio,
triceratops, pterodáctilo y no muchos más, que yo recuerde. Del temible
velocirraptor no tuve noticias hasta que leí la novela de Michael Crichton, a
finales de 1991 o primeros de 1992, creo. La película de Spielberg aún tardaría
un par de años en estrenarse, Internet no existía más que en los sueños de
algunos visionarios y para ver al peligroso dinosaurio que popularizaría Parque jurásico tuve que comprar un
libro con ilustraciones. No fue fácil encontrarlo. Antes de la película (espléndida,
por cierto, como también lo es la novela del fallecido Michael Crichton) los
dinosaurios seguían sin estar de moda. Increíble, ¿verdad? Hoy cualquier mocoso
es capaz de recitar de carrerilla una lista de estos bicharracos prehistóricos.
Abruma el poder del cine.
© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2018

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