No me toquen los condones

 

Querido Donald: dicen que en las elecciones de otoño vas a pagar caro la chulería con Irán, pero yo no estoy seguro. La gente tiene mala memoria y eso te beneficia, sobre todo si les remiendas los agujeros del bolsillo. Pueden pasar tantas cosas incluso cosas peores― de aquí a entonces que los petroleros atascados en el avispero de Ormuz no serán sino un mal recuerdo. Tendrás suerte, porque los tipos como tú siempre la tienen, la vida no es justa; o te la inventarás. La suerte, digo. 

Pero esta no te la van a perdonar, querido presidente. Esto es incluso más grave que las gorras que usas en las ruedas de prensa o mientras miras cómo los Delta Force secuestran a dictadores. Sólo por eso tus asesores de imagen deberían hacer compañía a Maduro en una prisión federal. Ahora te has columpiado. Vale que los coches dejen de circular o las compañías aéreas reduzcan las rutas. Algo bueno tendrá, supongo: más aire puro y menos competencia de alemanes para colocar una toalla en las playas de sur de España. Pero parece que a ninguno de tus asesores se le había ocurrido pensar que al ponerte serio con Irán el precio de los preservativos subiría un treinta por ciento. No sé si los fabricantes de condones estarán frotándose las manos o planeando inundar de material profiláctico la zona de guerra para que los soldados relajen la vigilancia en el estrecho de Ormuz y se acabe el bloqueo. Ya sabes: dicen que los hombres no somos capaces de hacer dos cosas al mismo tiempo y el sexo, según he leído y no puedo estar más de acuerdo, es un ejemplo impecable demindfulness, esto es en román paladino, estar a uno a lo que está.

Soy consciente de abordar con frivolidad un asunto muy delicado. Parece que la subida del precio de los condones, además de agujerear todavía más los bolsillos, provocará más enfermedades venéreas y multiplicará la natalidad no deseada. Pero como tengo la manía de buscar algún ángulo bueno en cualquier problema, se me ha ocurrido que, sin pretenderlo, Donald, aunque luego te quieras apuntar el tanto, le has resuelto el problema a muchos varones, en Estados Unidos y en el resto del mundo: ya nadie tendrá que sentirse ridículo porque le caduquen los condones. En serio: lo que hasta ahora era vergüenza de repente es una circunstancia de la que presumir. Como ir en bici al trabajo para no contaminar, como encaminarse al contenedor de basura con tres bolsas distintas para ejercer el solidario arte del reciclaje. Por no hablar del subidón de autoestima (toda la vida avergonzado porque me caducaban los condones y no sabía que al final tiempo me daría la razón...), del ahorro (con lo que no me gasto en preservativos podré pagarme las vacaciones...), o la justificación, por fin, de tanta abstinencia (podría acostarme con cuatro o cinco mujeres distintas cada semana, pero no voy a contribuir al cambio climático y muchos menos a la guerra…). 

En fin. Es sábado y toca limpieza. A ver qué me encuentro bajo las telarañas del cajón de la mesita de noche. 

Te dejo, Donald. 

Gracias de antemano.

 

Abril de 2026

 

 

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