Los nombrecitos

Desde luego, hay veces que leo el periódico y me cuesta un rato discernir si estoy leyendo las páginas de sociedad, las de sucesos, incluso las de cultura, o si ahora las bromas, para hacernos la vida más amable o para entretenernos, no sólo se cuelan en la prensa el día de los Inocentes. Ya escribía el otro día sobre los Diez negritos de Agatha Christie, pero la misma ternura me había provocado la metedura de pata del gobierno respecto a la reunión de Felipe González en Marruecos o el desembarco de los chicos de la Royal Navy en La Línea, con sus GPS y sus rostros aguerridos bajo las cremas de camuflaje. Pero está visto que para desentumecer las ternillas no hay más que hojear un periódico soslayando los prejuicios para que el estupor ceda sitio a la más limpia de las carcajadas. Resulta que el padre de un recién nacido en Granada, sin duda seguidor inquebrantable de Operación Triunfo, ha querido regalar a su hijo el nombre insigne de David Bustamante, así, como suena, el nombre compuesto, seguido del apellido del padre y de la madre. Menos mal que el juez ha puesto un poco de sentido común y, aunque no he llegado a enterarme de cómo ha terminado llamándose la criatura (escalofríos me dan sólo de pensarlo), tal vez haya evitado al chaval las burlas de sus compañeros de clase cuando vaya al colegio. Aunque, bueno, teniendo en cuenta la avalancha de nombres tan originales, no sé si será peor estigmatizar a un niño con el nombre del concursante de un programa de televisión o registrarlo con el nombre inaudito—manda huevos, que diría Federico Trillo— de Kevin Costner.

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