Aserejé diabólico

Aunque yo sea uno de los pocos que no ha movido los brazos al ritmo de Aserejé este verano, debo reconocer que la canción tiene su puntito gracioso. Dar en el clavo con la canción del verano debe de ser algo tan difícil, o, mejor dicho, tan aleatorio, como agitar el cubilete con los dados y luego cruzar los dedos para que salga tu número sobre el tapete. Docenas de canciones compiten cada año por el dudoso honor de ser la canción del verano, pero sólo una se lleva el gato al agua, y este año les ha tocado a las hijas del Tomate, a las Ketchup.Como decía, el Aserejé tiene su gracia, más que cualquiera de las canciones con las que Georgie Dann nos tortura cada vez que empieza a hacer buen tiempo y la gente se dispone a empezar sus vacaciones. También me hace más gracia que la archiconocida Macarena, y aunque me he esforzado en no aprenderme el estribillo, he de reconocer que he fracasado en el intento: de tanto escucharlo lo tengo grabado en la memoria, pero no se preocupen, que no lo voy a cantar, además, seguro que ustedes se lo saben, seguro que incluso mejor que yo.Pero lo inexplicable de las canciones del verano es el éxito rotundo, el triunfo apoteósico entre la gente. Como en éxtasis, se les ve en las discotecas moviéndose, cantando ensimismados el estribillo imposible. Será por las evoluciones místicas con que se mueven los seguidores de las Ketchup, supongo, por lo que unos profesores de religión de Honduras han atribuido un contenido supuestamente satánico a la canción más famosa de este verano. Parece ser que la palabra aserejé puede interpretarse libremente por la frase ofensiva “a ser hereje” y lo de que “Diego tiene chulería” significa “Lucifer era un ángel hermoso”. Como expertos en tripodología felina —es decir, en el arte de buscarle los tres pies al gato—, hay que reconocer que estos profesores de religión de Honduras son unos fuera de serie. Estoy seguro de que ni en sus mejores sueños el creador de la canción que interpretan las Ketchup habría imaginado algo semejante.Recuerdo a Clinton y a su vicepresidente, Al Gore, bailando ensimismados al ritmo de Macarena en la campaña electoral del 96. Vista la trayectoria meteórica de la canción de los Del Río, no sería de extrañar que Aserejé triunfase rotundamente en Estados Unidos, y que el presidente Bush, secundado por el vicepresidente Cheney, celebrase el ataque a Irak cantando en el despacho oval eso de aserejé, ja, dejé. Así que quizá no convenga reírse en voz alta de las sospechas de los profesores de religión hondureños respecto a la canción del verano, porque seguro que cuando Bush y los suyos la tarareen delante de las cámaras —si no ahora, esperemos a ver qué pasa en las próximas elecciones—, más de uno va a pensar que la verdad es que sí, que, bien mirado, el Aserejé algo de diabólico sí que tiene.

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