Los calendarios eróticos

Aunque muchos talleres mecánicos se hayan convertido en lugares tan asépticos como un hospital —bueno, más asépticos incluso que algunos hospitales— en la mayoría de las paredes de los que frecuento todavía cuelgan —por fortuna— esos calendarios de mujeres ligeras de ropa, esos calendarios regalados por algún proveedor generoso que tuvo un día la idea original —o la intención de buen samaritano— de alegrar el tiempo de quienes pasan ocho horas de una dura jornada entre las cuatro paredes grasientas del taller. Los calendarios —sobre todo el de la multinacional Würth, que es el que más veces me he encontrado— colgados de una chincheta rudimentaria en la pared de un taller mecánico, de una carpintería, de una herrería o de un almacén de electricidad o ferretería, se han convertido en un clásico, en un clásico con tanto derecho a serlo como los partidos Madrid-Barça o los toros de Osborne que alguien tuvo la maravillosa idea de no retirar de nuestras carreteras. Gracias desde aquí a Bigas Luna y su Jamón, jamón por ello.Pero a lo que iba, que no quiero desviarme. Aun a riesgo de ser acusado de sexista, aun a riesgo de ser tildado de machista, aun a riesgo de que alguna oyente se me enfade, hoy quiero hablar de las fotos de las mujeres en paños menores. Sé que tendrán razón aquéllas —o aquéllos— que estén en contra de su difusión, que se opongan a la exhibición de los bellos cuerpos de mujeres en unos calendarios, a la vista cada día de unos trabajadores con exceso de testosterona, impacientes muchos por arrancar la hoja del día 30, guardarse la foto de la modelo de turno y ser el primero en descubrir la figura curvilínea de la mujer que le alegrará la vista durante los treinta días siguientes. Para algunos mecánicos, para algunos carpinteros, para algunos electricistas, la fotografía del calendario es la única cosa que muchas veces le alivia de los rigores de una jornada absurda, de una jornada tediosa llena de agobios y de tensiones.El ejército colombiano también se ha dado cuenta del efecto balsámico, del efecto mágico de los calendarios eróticos y lo ha empezado a utilizar como arma para luchar contra la guerrilla. Desde los helicópteros lanzan calendarios a la jungla, lanzan calendarios de mujeres en biquini como quien lanza octavillas para una campaña electoral. “Vuélvase ya y obtenga beneficios” reza en la portada de un almanaque junto a una morena enfundada en un biquini ajustado. Algunos medios de comunicación han protestado por la original campaña del ejército colombiano. Dicen que esos calendarios —que por cierto son pequeños, para poder ser guardados en un bolsillo— son un error. Es una equivocación —argumentan— elegir la exaltación erótica existiendo recursos como el deporte, recursos como el arte, por ejemplo. Yo no sé si será buena idea, pero sí estoy seguro de que no es una mala idea. Que piensen lo que quieran las feministas. Espero que no se enfaden conmigo, que no me acusen de sexista, que no me acusen de machista, pero la mujer de la foto que yo he visto, si fuera un guerrillero colombiano, me parecería el mejor de los reclamos para abandonar la selva.

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