Actos asimétricos de guerra

Querido Cristóbal: hay veces que la separata me la encuentro hecha. Palabra. Y no te quiero decir con esto que un negro me escriba los artículos mientras estoy viendo los partidos de los mundiales, qué va. Por cierto, lo de negro no lo digo por ser políticamente incorrecto, sino porque en argot literario se llama así a quien te hace el trabajo mientras tú te llevas los laureles. Bueno, a lo que iba: que a veces me encuentro este artículo hecho. Leí el otro día las declaraciones del contraalmirante de la marina estadounidense Harry Harris para justificar el suicidio de tres presos en Guantánamo y todavía estaría dolíendome la barriga de la risa si no fuera porque hay ciertas cosas de las que uno no debe reírse. Según el retórico almirante, el suicidio de tres presos no fue un hecho de desesperación sino un acto de guerra asimétrico en contra de Estados Unidos. Fíjate, Cristóbal, lo maleducados que son algunos presos: les das de comer durante cuatro años y al final se suicidan para chinchar. Pero es que resulta que hay un montón de gente encarcelada en un infierno sin saber muy bien de qué se la acusa. A algunos, como los del documental ese que ahora se puede ver en el cine, Camino a Guantánamo, les pilló la guerra camino de una boda y, ya que estaban allí, los metieron en un avión y los llevaron a la base de Cuba, para hacer bulto. Es lo malo de llevar barba y turbante, que te puede coger un borrico yanqui con casco de kevlar y uniforme de camuflaje y despacharte a Guantánamo sin preguntar, y luego, claro, cuando llevas cuatro años ahí metido no es que un día se te crucen los cables, rompas una sábana, te la anudes al cuello y te cuelgues de una tubería porque estás tan desesperado que encuentras más dulce romperte el cuello que aguantar los carceleros, qué va, Cristóbal: tu suicidio no es más que un acto de guerra asimétrico. Un acto de guerra asimétrico, cuidado, no nos vayamos pensar otra cosa. Hombre, bien mirado, eso de la asimetría está muy bien, y supongo que se referirá el al-mirante Harris a la diferencia que existe entre los niños indefensos mutilados por las bombas y los aviones siniestros que las lanzan, o a los gritos desgarrados de algunas fa-milias cuando ven entrar a los marines, esos que han invadido el país para democratizar-los y liberarlos por las bravas ―que todavía no se quieren enterar, los muy brutos―; a la diferencia asimétrica, decía, entre las pobres familias de un país invadido, modernizarlos, sin haber preguntado primero si eran bienvenidos, y el ejército invasor al que algunas ve-ces, cuando el calor del desierto hace que el cerebro les hierva bajo el casco, les da por practicar el tiro al blanco con ellos. Efectivamente, Cristóbal, como ha dicho el almirante Harris, tan aficionado a las piruetas verbales que provocan ataques de risa, seguro que dueño de una mente privilegiada donde las haya, tan listo que hasta he llegado a pensar que la cantidad de materia gris que guarda bajo su solemne cráneo puede ser igual o mayor que la de su comandante en jefe, el presidente George Bush, todo lo que está pasando en Irak es asimétrico, asquerosamente asimétrico.
© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2006


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