Sánchez Gordillo



El alcalde de Marinaleda siempre me ha caído simpático. Comparta o no su manera de pensar o la forma en la que a veces enfrenta las dificultades, siempre me ha parecido que en su pueblo ha conseguido mantener un nivel de bienestar para sus vecinos gracias a un sistema marxista inexportable a otros ámbitos mayores. Escribo estas líneas mientras veo a Sánchez Gordillo en el telediario al frente de un puñado de hombres que asaltan un supermercado. Uno de ellos empuja de mala manera a una empleada del Mercadona que se resiste a que se lleven los carros. No puedo estar de acuerdo con lo que ha pasado. Supongo que muy poca gente lo estará cuando lo que se trata es de robar, aunque sea con la excusa de protestar o llamar la atención.
Pero sí hay, a mi juicio, una reflexión interesante sobre lo sucedido, y me da que, al cabo, lo que pretende Sánchez Gordillo no sea más que eso. ¿Qué pasará cuando la gente tenga hambre de verdad, cuando no pueda pagar la hipoteca ni comprar papillas para los niños, cuando los que están buscando trabajo se den cuenta de que no lo van a encontrar durante mucho tiempo, tal vez nunca? ¿Se quedarán sentados en su casa esperando una solución imposible? ¿Seguirán creyendo en las promesas de los políticos que nos quieren convencer de que con tantos recortes los que mandan en Europa nos pasarán finalmente la mano por el lomo y nos darán una limosna? Insisto, y no está de más hacerlo en un asunto tan delicado como éste, porque los demagogos están agazapados con un cuchillo entre los dientes. ¿Qué va a pasar cuando el asalto a un supermercado, a un banco o una embajada no sea una protesta burda por parte de unos cuantos iluminados? ¿Qué pasará cuando la gente pierda la esperanza?



© Andrés Pérez Domínguez, agosto de 2012

Comentarios

  1. Es triste lo que a pasado ,pero no es la mejor manera de arreglar los problemas ,sin embargo ojala sirva para que el gobierno recapacite .Saludos

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  2. Todo lo que está pasando, y lo que pasará, Rosa Mary, es muy triste. Un abrazo,

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