Entre la camisa y la bufanda. Tour de El silencio de tu nombre XXVI (Zaragoza)
Quizá
lo que mejor refleja la promoción de El silencio de tu nombre son estas dos fotografías. En una estoy en mangas
de camisa, en la playa de la Barceloneta, a primeros de octubre, hablando para
la tele mientras la gente tomaba el sol o se bañaba. Dos meses después posaba para
la cámara en Zaragoza, protegido del cierzo con una bufanda y un lobo marino
tan grueso que cuando lo llevo pienso que ni siquiera en el Ártico tendría
frío. Al principio de la promoción me propuse hacer inventario de las
entrevistas en prensa, en la radio, en la tele, en webs. Pero no ha sido
posible porque he tenido la inmensa suerte de que los medios se interesen por
mi trabajo y he perdido la cuenta. Y eso es un privilegio. Han sido 15.000 kilómetros durante dos
meses para dar a conocer El silencio de tu nombre, sin dar una bola por perdida. Y he sido feliz. Aunque esté cansado.
Por
alguna razón en la que no he caído hasta ahora, la promoción de El silencio de tu nombre empezó en
Barcelona y ha terminado en Zaragoza, como si el orden alfabético hubiera sido establecido
desde el principio. En Zaragoza me estaba esperando Lucía, que cuidó de mí tan
bien como todos los que han sido mis ángeles de la guarda durante
estos meses. Con un equipo así contigo, si no eres capaz de meter algunos goles
lo mejor es que vayas pensando en dedicarse a otra cosa… Así que no me cansaré
de dar las gracias por estos ratos a mis editores en Plaza & Janés, al exquisito
departamento de prensa, a los comerciales, a los colaboradores que me han
puesto las cosas tan fáciles en cada ciudad que he visitado; a los amigos que
dedicaron su tiempo a leer la novela para presentarla, como Pedro Ugarte en
Bilbao, Fernando Gracia en Zaragoza o Antonio Manfredi, que lo hará esta tarde
en la biblioteca de Sanlúcar la Mayor.
Gracias también a todos los periodistas
con los que he compartido tan buenos ratos durante estos meses. Cuánto talento hay,
y qué pena que la prensa esté viviendo una situación tan jodida. Pero, sobre todo,
quiero dar las gracias a los lectores. Me decía hace poco Óscar, el jefe de
ventas de Random House, que su política es cuidar a los escritores porque sin
nosotros ellos no podrían vender libros. Yo creo que es más importante dar las
gracias a los lectores: si no hubiera alguien al otro lado esperando que tu nueva
novela esté en las librerías para comprarla y leerla, no tendría mucho sentido este
oficio tan raro al que me dedico.
Gracias
a todos. De corazón.
©
Andrés Pérez Domínguez, diciembre de 2012




Comentarios
Gracias a escritores que, como tú, sudan y miman, a la vez, los resultados, nos enriquecemos los lectores. Un saludo.
Abrazos para todos