La costumbre de ganar
Dentro de un par
de horas España se va a enfrentar a Brasil en la final de la Copa
Confederaciones, que aunque aún no tengo muy claro qué competicón
es no pienso perderme el partido. Por lo visto hoy se cumplen cinco
años de la victoria de la selección española en la final de la
eurocopa en Viena. Parece que cinco años no son muchos, pero si yo
miro cuántas cosas me han pasado desde entonces se me antoja una
vida, y más me parece estar en lo cierto cuando he visto esta tarde
en el telediario a unos niños convencidos de que, como siempre, hoy la selección española de fútbol saldrá victoriosa del
enfrentamiento con Brasil. Será porque me hago mayor veo a los
chavales en la tele y se me dibuja en la cara una sonrisa escéptica,
como si ya, qué más quisiera yo, estuviera de vuelta de todo.
Después de los éxitos de los últimos años supongo que lo más
fácil para cualquier crío es pensar que somos invencibles y que al
final, hagamos lo que hagamos y por muy difíciles que se nos pongan
las cosas, acabaremos ganando a cualquier equipo que se nos ponga por
delante. Los que ya hemos cumplido los cuarenta, y los que son mucho
más jóvenes que yo, seguro habrán sonreído de la misma forma al
ver el telediario. Me da que los más viejos también se reían igual
hace no muchos años, cuando el dinero parecía brotar de los cajeros
automáticos con la misma facilidad inagotable que el agua de una
fuente. Los más viejos sabían que eso no era real, y que a lo mejor
lo más normal es pasar necesidades y no tener a nadie a quien
reclamar cuando se volatiliza el dinero que hemos invertido o no contar siquiera con una pensión al jubilarse. Quizá todo es un espejismo o
acaso nada dura eternamente. Ni la prosperidad, ni los éxitos de la
selección de fútbol. Tampoco la crisis o la decepción de no pasar
nunca de cuartos de final duran para siempre. Así que aprovechémonos
mientras podamos. Si ganamos a Brasil, estupendo, y si no, siempre quedará algún aguafiestas que habrá escrito en su blog que las cosas
buenas no responden a un derecho que nadie nos quitará ni las malas un castigo del que no habrá quien sea capaz de librarnos.
Junio de 2013

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