Daniel Mordzinski
Como llevas asomándote a su trabajo desde hace años, esas
fotos singulares de escritores (Vargas Llosa, Benedetti, Gelman,
Sampedro, Cabrera Infante, Salman Rushdie, Borges, García Márquez…), cuando te escribe Daniel Mordzinski para decirte
que estará el fin de semana en Sevilla y le gustaría retratarte no puedes sino
cancelar cualquier plan veraniego que tengas para citarte con él y ponerte en
sus manos.
El sábado ha amanecido nublado, pero por la tarde hace mucho
calor a la hora en que hemos quedado en el hotel. Tengo curiosidad por lo que sucederá
cuando tenga que posar. Si miras sus fotos, sabes que con Mordzinski nunca
puedes estar seguro: a algún escritor lo he visto tumbado en la cama, saltando
desde una fuente, tirado en el suelo o cerrando los ojos mientras el fotógrafo
hace su trabajo. Son fotos peculiares, me explicará Daniel más tarde.
Fotinskis es el nombre con que las bautizó Enrique de Hériz.
Le he sugerido que nos acerquemos hasta el puente de Triana.
Es un lugar que me gusta, le cuento por el camino, y además, la escena cumbre
de La clave Pinner, una novela muy
importante para mí, sucede justo ahí. Pero Mordzinski me dice que no le gusta
hacer la típica foto del escritor junto a un monumento. Que prefiere que
subamos a una torre o colocarme en mitad de la plaza de toros, por ejemplo.
Bueno, le digo, no hay prisa. Primero vamos a Triana, vemos el puente, y tú decides.
Yo me pongo en tus manos. Estupendo, me responde el argentino, amable pero sin
resquicio de duda sobre quién manda: ¿sabes nadar? Sin estar seguro de si
tendré que tirarme al Guadalquivir desnudo nos acercamos al Callejón de la
Inquisición. Quiero enseñarle el puente desde aquí y desde la calle Betis. El
lugar le gusta, y cuando estoy preparado para ponerme con los arcos a mi
espalda y sonreír a su cámara, Mordzinski se acerca a dos chavales que están
sentados en el embarcadero y enseguida los convence para que nos presten una caña de
pescar.
Vale, pues me va tocar la foto pescando. Que así
sea. Por lo menos no voy a tener que bañarme desnudo en el Guadalquivir... Está
claro que Daniel Mordzinski aprovecha cualquier objeto para hacer la foto,
improvisa y empieza a disparar. Me encuentro una pistola de agua abandonada en
el pantalán donde una pareja se besa ajena a nosotros y, cuando la cojo para apartarla
y que no salga en la imagen, Daniel me dice que no la tire y me la coloque en
el bolsillo. Me pongo la pistola bien visible y, mientras el chaval rumano tira
del sedal, simulo un escorzo como si hubiera pescado una pieza grande. Casi
fue verdad porque, al sacar el anzuelo del río, vimos que un pez había
mordisqueado el cebo. Luego pasa un perro por delante mientras nuestro ayudante, que
se lo está pasando en grande, sujeta una manta negra por detrás de mí. En lugar
de esperar a que el perro se vaya, Mordzinski dispara. La gente que anda
por allí nos saluda y nos pregunta quiénes somos. Mordzinski les dice que yo
soy un escritor, y yo les digo que él es un fotógrafo muy famoso. Luego estamos
otra hora juntos, tomando un café y paseando por Triana.
Siempre digo que me
encanta sentarme a charlar con gente que sabe más que yo o ha visto más
cosas. A menudo es así, pero con el fotógrafo estaba claro antes de
conocerlo. Da gusto escuchar a alguien que ha conocido a tantos escritores y
cuya visión del gremio sin duda es mucho más amplia y rica que la mía. Nos despedimos
con un abrazo, pero no fue el primero que nos dimos. Un rato antes nos fundimos en otro, como la celebración de un gol de nuestro equipo, después de encontrar la
complicidad y la colaboración que quizá él no esperaba e inmortalizarme con la
caña de pescar. Fue el primer momento de la tarde en que lo vi totalmente
relajado, entusiasmado como un niño, como sólo son capaces de disfrutar
aquellos que aman de verdad lo que hacen y además consiguen que lo difícil
parezca sencillo.
Si el pez que mordisqueó el cebo se hubiera tragado el anzuelo para salir en la foto creo que todos lo habríamos celebrado tirándonos al río.
Si el pez que mordisqueó el cebo se hubiera tragado el anzuelo para salir en la foto creo que todos lo habríamos celebrado tirándonos al río.
©
Andrés Pérez Domínguez, julio de 2013




Comentarios
Saludos.
Rosa Mary: me alegra que te haya gustado El silencio de tu nombre.
Abrazos para todos