Las ideas en movimiento


Una de las primeras cosas, y quizá de las más sorprendentes que descubrí cuando empecé a escribir, es que las mejores ideas casi nunca te vienen a la cabeza al sentarte en un sillón y pensar sesudamente, sino que estar atascado en el esbozo de los capítulos de una novela (yo no suelo sufrir el temido bloqueo de escritor, pero si me pasa, es al diseñar la trama, muy al principio, nunca cuando estoy arremangado escribiendo) es como buscar una y otra vez algo que has perdido, o estrujarte la cabeza intentando recordar el título de una película o dónde has visto una cara. Casi siempre las cosas que uno deja olvidadas tontamente en cualquier rincón de la casa aparecen por casualidad cuando has dejado de buscarlas, y cuando ya no sientes la presión de tener que recordar algo es cuando por fin te viene a la cabeza, con tal nitidez que terminas sintiéndote un estúpido por creer que lo habías olvidado. Ando esbozando la trama de una novela muy compleja, y aunque tengo claro buena parte de lo que quiero hacer durante los próximos meses, no es delante del ordenador cuando mejor me fluyen las ideas o se me ocurren algunos puntos que después de encajados serán indispensables en la historia que escribiré. Debe de haber una ley física
—si la hay, que alguien me lo diga, por favor— que demuestre que la mayoría de las buenas ideas te asaltan cuando estás en la ducha o esperando a que venga el sueño, tan esquivo para mí casi siempre. Pero sobre todo, al menos en mi caso, las mejores ideas me vienen cuando estoy en movimiento: conduciendo, cuanto más lejos y más largo es el trayecto, mejor; asomado a la ventanilla de un tren o un avión. Pero ni siquiera hace falta viajar: basta salir, caminar un rato o una larga pedalada en bicicleta para que cuando uno está en la modalidad “empezando a escribir nueva novela” enseguida el paisaje y el camino no sean más que manchas borrosas, como sombras detrás de una cortina. La ficción, cuando uno tiene el vicio de inventar, a menudo es más poderosa que la realidad.

         © Andrés Pérez Domínguez, julio de 2013







Comentarios

  1. Tienes toda la razón Andrés, en ese instante cuando vas a dormir, cuando vas en movimiento, caminando, en carro, en bibicleta, de repente te viene a la mente media trama de la novela entera. mezclas, tramas. Todo... Un abrazo.

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  2. Hola .Seguro que es tan interesante como el silencio de tú nombre .Estoy tan metida en ella que apenas estoy por aquí .Buenas noches

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