La incertidumbre
En una entrevista, hace muchos años,
recuerdo a Steven Spielberg confesando que hacer películas era un
trabajo muy frustrante porque, al rodarlas, nunca te salían como lo habías
planeado. Mucho tiempo después, Pedro Almodóvar contó algo parecido:
cada vez que empezaba a rodar una película sentía que no sabía cómo hacerla. La
experiencia no parece servir de mucho cuando la creatividad y el azar son parte
inseparable del trabajo. Hace apenas una semana, en una entrevista conjunta a Mario
Vargas Llosa, Arturo Pérez-Reverte y Javier Marías, este
último manifestaba que cuando está escribiendo una novela lo asaltan dudas terribles:
¿le gustará a los lectores? ¿Me la publicarán? ¿Me la publicarán?
se preguntaba Javier Marías, por más que a más de uno le dé (nos dé) la
risa al imaginarlo. Parece mentira, pero es posible que dijera la verdad.
Literariamente hablando, y si nos ceñimos a las ventas y al número de personas
que conoce tu trabajo, yo soy un escritor de clase media (aunque la clase media
literaria, igual que en la vida, amenaza con extinguirse) y Marías es
millonario, pero la incertidumbre, presumo, es la misma, o al menos
parecida. Durante las últimas tres semanas he hecho una pausa en mi nueva novela
para plantear con cierto detalle la segunda mitad que aún me resta por escribir.
Durante estos días en los que las páginas han dejado de avanzar al habitual
ritmo lento pero constante me han asaltado muchas dudas: si esta novela
encontrará un editor que la quiera publicar, que además apueste por ella
y la mime; si seré capaz de terminarla y el resultado no será sonrojante; si
habrá algún lector al que le interese.
Es parte del oficio y es parte de la vida, vaya. Te acostumbras. A
veces hasta te ríes. Total: si Javier Marías tiene dudas, por qué no
habrías de tenerlas tú.
© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2017
Comentarios