Amargura destilada


Llego a casa y pongo la tele justo cuando David Verdaguer está a punto de recoger el Goya al mejor actor protagonista por Saben aquell. Estoy agotado, se me caen los ojos porque el sábado ha sido muy largo y provechoso, pero me quedo a ver la gala hasta el final. Tenía curiosidad por qué película se llevaría el galardón a la mejor del año. Acertaron las quinielas y fue La sociedad de la nieve. De las cinco finalistas son las únicas que he visto. De ellas he hablado aquí. Hay otra que me apetece mucho: Cerrar los ojos, la de Víctor Erice. Y espero solucionarlo en breve. De las dos primeras mencionadas, prefiero la de David Trueba. Ambas son estupendas, pero me tiran más las historias que se apoyan en la épica de lo cotidiano, en los silencios. Las que tienen que ver con los garbanzos, como apuntaba Rafael Azcona. El actor premiado por su interpretación de Eugenio lo explicó muy bien anoche, Goya en mano: “Quiero dedicar este premio también a los humoristas y a los cómicos de este país porque creo que hacen un trabajo muy serio.” No puedo estar más de acuerdo. Procuro estar de broma cada vez que puedo, lo que suele ser muchas veces, me sale de una forma natural, pero siempre, o casi siempre, estoy riéndome de mí mismo, aunque a menudo no lo parezca. La ironía (en este caso la auto ironía), al menos en mi caso, no es sino amargura destilada. Nunca hablo más en serio ni quiero soltar una carga más profunda que cuando bromeo, sobre todo si el objeto de las bromas soy yo mismo. No es fácil de entender, lo sé. Tampoco me he jactado nunca de ser un tipo de fácil trato. Pero como suele suceder, cualquier cosa que uno diga ya ha sido dicha por alguien antes y probablemente mucho mejor. En este caso Umbral, hace un cuarto de siglo: “Ocurre que el humor es, como el misticismo, por ejemplo, una situación límite del alma (…). Humor y ascetismo me parecen situaciones muy semejantes. El humorista hace sonreír, pero él no sonríe nunca porque lo suyo, en realidad, es una tristeza elegante, un clariver donde la urgencia de la vida / muerte no tiene vuelta.”

Pues eso.

 

 

© Andrés Pérez Domínguez, febrero de 2024

 

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