Opinar
Lo saben bien quienes me conocen: no suelo entregar un original a nadie para que me dé su opinión a no ser que se trate de alguien de mucha confianza y que además me lo pida con sinceridad e insistencia. Tampoco acostumbro a preguntar a un lector si le ha gustado un libro mío. Si alguien quiere contarme qué le ha parecido, seré todo oídos, pero no seré yo quien dispare primero. Con esto me arriesgo a dar la sensación de antipático o distante, y tal vez tenga algo de esas dos cosas en lo que se refiere a mi trabajo, pero sobre todo me espanta la figura del escritor insoportable. Es cierto: aplico este proceder hasta con los más cercanos de los míos. Tanto, que mi madre me preguntaba hace poco si ya no escribía artículos. Mis padres leen la prensa todos los días. Mi padre además devora todo lo que le recomiendo. Ahora anda disfrutando de un tocho sobre filosofía. Le envidio, entre otras muchas cosas, la pasión por aprender. “Vive como si fueras a morir mañana y aprende como si fueras a vivir siempre”, fantástico lema que leí en una espléndida biografía de Steve Jobs y que al parecer este tomó prestado de Gandhi. Con tantos memes inundando las redes sociales no me extrañaría que alguien atribuyese la frase a Belén Esteban. Eso también tendría su parte buena: llegaría a mucha más gente.
A lo que iba (perdonadme, pero por mucho que me empeñe, no soy capaz de sujetar el cinismo como quisiera): mi madre me ha preguntado si ya no escribo artículos y he caído en la cuenta de que hace quince años que salvo alguno que le he dado porque la ocasión lo requería, como ni ella ni mi padre han perdido ni un segundo de su vida en Internet (el verbo perder va con toda la intención, sí), desde que la prensa escrita y las ondas radiofónicas acabaron cansándose de mí (lo dije al principio del párrafo, soy un cínico, sí; avisados estabais), apenas saben de la vena opinadora de su hijo. Total, que aprovecho la mañana de este domingo para terminar de copiar en un archivo un ramillete de textos. El último será este. El primero es de 2015. Podría seguir retrocediendo en el tiempo, pero 322 páginas y 70.000 palabras repartidas en 167 artículos es suficiente. Hasta la paciencia de tus progenitores puede agotarse y si el mayor pecado que uno puede cometer en la vida es aburrirse (qué grande Sancho Gracia en 800 balas), aburrir no es menos grave.
Mañana los llevaré a encuadernar. Haré algunas copias más, para regalárselas a unas cuantas personas muy cercanas y muy queridas que apreciarán el gesto. Aprovecho para daros las gracias a todos los que dedicáis vuestro tiempo, un tiempo que nadie os podrá devolver, a leer sobre lo que ama, detesta, indigna o sueña este juntaletras.
Gracias, queridos. De corazón.
© Andrés Pérez Domínguez, marzo de 2024
Comentarios