Los valientes de Internet
Verás, Cristóbal: como me he vuelto tan moderno y me he aficionado a esto de los blogs, ahora me fijo un poco más en los comentarios que hace la gente por Internet, y, si te digo la verdad, muchos de ellos son dignos de estudio. Hay de todo: desde gente que pierde la vergüenza protegido por un nick hasta el que dice abiertamente lo que piensa, con su nombre y apellidos. Yo creo que Internet es una herramienta muy poderosa si se la sabe utilizar, pero que también hay que tener cuidado con lo que uno busca porque también es un poco como una viña sin vallar, donde todo cabe y todo vale. Pero bueno, como te decía, lo que frecuento últimamente son los blogs, esas bitácoras en las que ahora cada uno puede contar lo que quiera, lo que me parece la revolución de la información más grande que había visto nunca porque la palabra se ha democratizado por fin. Y la verdad es que cada vez que entro en un blog siento curiosidad por los comentarios que dejan los lectores, por los hilos de conversación que se abren y acaban convirtiéndose en un auténtico foro virtual. Pero, ya te digo, uno encuentra de todo, y lo que más me llama la atención es lo valientes que se vuelven algunos cuando el único riesgo al decir lo que piensan o al insultar es que se le agarroten los dedos al pulsar el teclado. Son de todas las ideologías estos valientes, querido amigo, los valientes de Internet, de izquierdas o de derechas, católicos o ateos, si es que tienen alguna ideología o alguna vez se han puesto a pensar si creen en algo. Probablemente no son más que unos tiñalpas que no se atreverían a hacer ni la mitad de lo que amenazan, pero ahí están. Tampoco son una especie nueva, ni mucho menos. Los cobardes siempre han estado ahí, agazapados, protegidos como ratas entre un montón de gente para que nadie pueda señalarlos. Son los mismos que tiran la piedra y esconden la mano, los primeros que se apuntarían a un linchamiento o a dar de palos a alguien que no puede defenderse. Qué quieres que te diga: al menos ahora, al tenerlos a la distancia segura de la pantalla del ordenador a veces consigo que al leerlos sólo me dé la risa.© Andrés Pérez Domínguez, julio de 2008
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Un abrazo,