La memoria
La otra noche tuvimos una
reunión familiar divertida. Mi hermana me contó que había estado en un
restaurante italiano repleto de fotos de El padrino. Me dijo que
se acordó mucho de mí. Ella sabe cuánto me gusta la película de Coppola. Los
entendidos dicen que la segunda es la mejor, y es posible que por su estructura
o por detalles técnicos que se me escapan lo sea, pero mi favorita es la
primera. Es de las dos o tres películas que más me gustan, si no la que más. Y
he visto una cuantas... A los once años me zampé el novelón de Mario Puzo en
una edición del Círculo de lectores que tenían mis padres. Tres años después vi
la película. Con mi hermana. En una sala de Sevilla donde la reestrenaron. De
eso hablábamos el otro día. Tengo una memoria tan buena que a menudo yo mismo
me irrito por recordarlo todo. O casi todo. Era finales de septiembre de 1983.
Sábado. Le recordé a mi hermana lo mucho que me dijo que le había gustado Al
Pacino. Ella tenía entonces diecisiete años. La misma edad que ahora está
a punto de cumplir mi sobrina, que se reía con asombro, como si tu tío de
repente se hubiera convertido en una computadora. Era la primera vez que mi
hermana veía a Al Pacino. Me encanta la cara de este tío, fueron sus palabras exactas, y luego añadió que le recordaba a
Dustin Hoffman pero que Pacino era más guapo. Le describí la ropa que llevaba
puesta ese día, que nos encontramos a un amigo de mis padres cuando íbamos de
camino al cine y estuvimos charlando con él. También le conté la conversación,
y que mi madre había visto en el periódico que en el cine Pathé habían repuesto
El padrino y nos animó a que fuésemos a verla. Como estábamos en el
campo caminamos unos cuantos kilómetros hasta la parada de autobús del pueblo y
fuimos al cine, y durante la proyección le expliqué algunas cosas que recordaba
perfectamente en el libro y quizá no se terminaban de entender en la película,
como que cuando la mujer de Sonny separa las palmas de las manos en la boda,
sus amigas se ríen porque les está mostrando orgullosa el tamaño del pene de su marido.
Sólo unas cuantas personas muy queridas saben de mi memoria. Siempre me ha dado vergüenza y acostumbro a decir que no me acuerdo cuando en realidad lo recuerdo casi todo para que quien no me conozca piense que le doy importancia a un hecho intrascendente. Me acuerdo de casi todo lo que vivo y de casi todo lo que leo, de las fechas, de los datos, de los nombres y de las caras, de casi todo lo que veo en una película o de una conversación que he mantenido hace años. No sé si sería mejor olvidar con más facilidad, pero una buena memoria te confiere la ventaja de poder encontrar en un instante un párrafo en un libro leído hace décadas, que aprender idiomas no sea demasiado complicado y detectar enseguida cuando alguien miente con mala intención o sin ella. Pero lo mejor es que tus amigos se ríen cuando hay que rescatar
algún suceso enterrado en la nube del tiempo o jugamos al Trivial, aunque ya
están acostumbrados (estoy seguro de que alguno de ellos ahora mismo se está
riendo al leer este post).
Qué curioso es escribir. Yo iba
a subir un post sobre la crisis del mundo del cine, porque el presidente
de la Academia, Enrique González Macho, ha dicho que va a cerrar un montón de
salas, que el negocio se va a la mierda. Parece que lo dijo hace tiempo pero yo
no me enteré hasta el otro día. Y por muchas pantallas de plasma resulta triste
que hoy sea imposible, o casi, ver El padrino reestrenada en una sala de
cine. Pero escribir a veces consiste en dejarte llevar. Y yo al final he
terminado hablando de mi memoria en lugar de la crisis del cine y he tenido que
cambiar el título de la entrada.
No importa.
© Andrés Pérez Domínguez, agosto de 2013


Comentarios
X cierto, tu hermana tenía razón: Al Pacino está de romperse de guapo en esa peli (y en todas como actorazo). Besotes.
Por lo demás, yo soy un poco rara con El padrino, es la tercera la que me gusta más, aunque objetivamemente, sé que no es la mejor. Me encantaría saber cuál es ese restaurante si está en Sevilla. Una vez me plante allí expresamente para cenar en un italiano decorado de cine que está creo recordar en Calle Betis.
Menuda parrafada he soltado. Un abrazo!!!
Meg, el restaurante no está en Sevilla. No le pregunté a mi hermana dónde era. Lo indagaré.
Abrazos