Tom Clancy
Anoche me enteré de que se había muerto Tom Clancy,
que con toda seguridad no pasará a la historia como un virtuoso de la
Literatura pero presumía de lo que sólo unos cuantos autores de ahora pueden:
tener millones de lectores. Creo que Ronald Reagan dijo alguna vez que era su
escritor favorito, y probablemente esa afirmación no le hizo mucho bien. Yo
sólo he leído dos novelas de Tom Clancy, hace muchos años, y aunque al hacerlo
uno puede entender por qué fueron las favoritas del presidente Reagan
(enseguida aflora cierto tufillo reaccionario), he de decir que la primera de
ellas me la zampé con la emoción del adolescente
que era. En España se publicó en 1987, si no me falla la
memoria, con el título La caza del submarino ruso, aunque luego se
reeditó y se le cambió convenientemente el título por el suyo original en
inglés, el mismo que llevaba la película: La caza del Octubre Rojo.
Consideraciones literarias aparte, que ni me corresponden ni me apetecen, he de
decir que la premisa de la que parte la novela siempre me pareció un ejemplo
perfecto de los ingredientes que debe tener una historia para que vayas
corriendo a una librería a buscarla: el capitán de un submarino soviético y
todos los oficiales han decidido desertar durante unas maniobras en el
submarino nuclear Octubre Rojo, sin que ningún otro miembro de la tripulación
lo sepa. Cuando se enteran en el Krenlim empieza una cacería para localizar el
submarino en el Atlántico Norte y hundirlo, y al mismo tiempo advierten al
gobierno norteamericano de que Marko Ramius, el capitán, se ha
vuelto loco y ha decido hacerles una visita para probar los misiles nucleares.
Mientras, un experto en historia naval ―aún no era analista de la CIA en esta
novela, creo― se ha empeñado quijotescamente en convencer a los del Pentágono
de que Marko Ramius ha desertado y está intentando llegar a Estados Unidos a
bordo de un submarino nuclear armado hasta los dientes para ondear una bandera
blanca. Sólo por haber sido capaz de inventar algo así vale la pena leer esta
novela de Tom Clancy.
Y, si no, os animo a ver, si no la conocéis, la película
en la que un espléndido Sean Connery se mete en la piel del capitán del
submarino, y Alec Baldwin, que aún no había echado barriga y tenía pinta de
galán de galán del Hollywood de los años cuarenta, interpreta al idealista Jack
Ryan. Recuerdo haber leído que Baldwin sustituyó a Kevin Costner, que tuvo que
apearse del proyecto porque estaba preparando Bailando con lobos. Y
luego parece que Harrison Ford le hizo una jugarreta a Alec Baldwin para
quitarle el papel de Jack Ryan en la siguiente película que se hizo sobre el
personaje, Juego de patriotas, que fue la segunda y la última de las
novelas que leí de Tom Clancy. Yo tengo por aquí La caza del Octubre Rojo,
y quizá me anime a verla otra vez este fin de semana. Me gusta la primera
escena, las arrugas de Connery, cubierto un gorro de piel y hablando en ruso,
en cubierta, con Sam Neill; la cámara alejándose para mostrarnos el
submarino, el frío de la base de Murmansk, en el Círculo Polar. A veces basta
ver los primeros segundos de una película para saber que no te va a defraudar.
© Andrés Pérez Domínguez, octubre de 2013


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