Generosidad
Hace un cuarto de siglo les dejé a mis
padres un cuento que había escrito. No a un amigo, no a una novia.
A mis padres, con mucha vergüenza. Tantos años después, siguen leyendo todo lo
que escribo, en cuanto lo doy por finiquitado, antes incluso de mandárselo a mi
agente. Mi padre es el primero,
porque lee más rápido, tanto que rara vez advierte la presencia de una errata. Luego llega el turno de mi
madre, lápiz en mano. Ella tarda más, relee cada párrafo, subraya lo que no
entiende y marca implacablemente las incorrecciones
que yo, viciado de tantas lecturas, he sido incapaz de ver.
Es un acto de generosidad, sobre
todo. A menudo regalo libros, pero no acostumbro a dejar los originales porque,
de alguna manera, es obligar a que te lean y al mismo tiempo esperar que sean
benévolos contigo. Por eso sólo se los doy a mis padres y a algunas personas
muy queridas y muy cercanas que insisten ―puede que también con generosidad,
sin que les apetezca mucho― en leer lo que acabo de escribir. No
saben cuánto se lo agradezco.
Mi padre leyó la nueva novela
hace unas pocas semanas. Desde entonces, cada vez que voy a su casa veo los folios encima de una mesa. Nadie ha
vuelto a tocarlos. Mi madre se ha disculpado alguna vez: no tengo tiempo, pero
te prometo que me pondré con ello enseguida, en cuanto me relaje un poco. No hace
falta, le digo. Y se lo digo de verdad. Leer un original no es obligatorio. Ni siquiera el de tu hijo. Odio insistir,
preguntar, presionar, atosigar.
Hace un par de días entré en su casa y no vi a mi madre. No estaba en la
cocina, ni sentada en el sillón donde repasa el periódico cada día. Me extrañó encontrármela
tumbada en el sofá, nunca lo hace. Pensé que estaba cansada, me preocupó que le
pasara algo. Al entrar vi el rimero de hojas en el suelo. Concentrada en la novela, con sus nuevas gafas de leer que luce, coqueta, aunque apenas las necesita
desde que la operaron de cataratas, se había zampado toda la primera parte de
un tirón. Me encanta, me dijo. Y luego, enseñándome los folios ya leídos, añadió: te he señalado algunas cosas…
© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2018

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