Fragilidad


Llevas tiempo queriendo escribir algo sobre la fragilidad, la tuya, la de cualquiera. Lo quebradiza que se revela la vida cuando menos te lo esperas. Algo tan banal en lo que nunca habías reparado hasta que alguien te lo revela desde el otro lado de la mesa -con suficiencia o con cercanía sincera o quién sabe si impostada- se convierte en una sombra siniestra a la que soplas y das manotazos sin poder ahuyentar. Miras para otro lado y te lo callas, pasan los días, pero aunque no te acostumbras a la incertidumbre finges que todo puede seguir igual. Pronto te afecta una fragilidad desconocida que no es física, ojalá lo fuera, sino una broma de mal gusto, la prueba de que, a la hora de la verdad, nada importan tus planes o tus deseos. Al cabo, poco mandas en el futuro por muy fuerte que agarres el timón. Y un día, cuando crees haber alejado a los fantasmas, te descubres corriendo por el pasillo de un hospital para que alguien venga a socorrer a una persona muy querida. Los males propios han dejado de importar, si es que importaron alguna vez, incluso te avergüenza tardíamente la preocupación innecesaria. Fragilidad otra vez, para que no se te olvide y, además, ahora va en serio, como la vida en aquellos versos de Gil de Biedma. Horas de espera en soledad, para que lo tengas presente. Y esa sombra, que aunque hoy se ha marchado, quizá sólo venía a avisar, antes o después volverá y se reirá de ti cuando trates de espantarla. Todo pendiente de un hilo, tan precario, esa puta espada de Damocles que ya sabes que siempre estará ahí, justo encima de tu cabeza.

© Andrés Pérez Domínguez, octubre de 2018


Comentarios

Miguel Sánchez ha dicho que…
"Si el corazón pensara, dejaría de latir". Lo grandioso del humano estriba en pensar todo esto acerca de nuestra fragilidad que tan sabia y literariamente escribe nuestro querido Andrés, y aun así así seguir viviendo y, sobre todo, como él hace, seguir escribiendo. Graciad, maestro.
Andrés Pérez Domínguez ha dicho que…
Gracias a ti por tu atenta y cariñosa lectura.