El regreso de Ulises
Me froto las manos porque cada vez queda menos para el estreno de La Odisea, de Nolan, que pienso ver en la butaca de un cine, bien cómodo y, si es posible, bien acompañado. Los placeres saben mejor al compartirlos. Mientras, me zampo El regreso de Ulises, que desapareció de las salas antes de que pudiera ir a verla (hay cosas que es mejor no dejar para más tarde) y ahora ya no estoy tan seguro de que película de Christopher Nolan me vaya a gustar tanto. Ojalá me equivoque.
Una curva de oreja a oreja todo el tiempo mientras la botella de vino se iba vaciando. Hay ocasiones en las que merece la pena arriesgarte a un dolor de cabeza. Me chiflan los héroes sin efectos especiales, los héroes cansados que vuelven a pelear, porque no les queda otra, con la resaca de lo vivido en la mirada. Que Ralph Fiennes no haya ganado todavía un Oscar es una prueba de que el mundo no es un lugar justo. Tampoco le hace falta (ganar el Oscar, digo): nada tiene que demostrar. Penélope espera el regreso del héroe agotado, aunque todos se empeñen en convencerla de su muerte. Hace treinta años escribí una novela que jamás publiqué cuya protagonista se parecía a Juliette Binoche. Sigue tan hermosa. Vale la pena, claro que la vale, dar tumbos por el Mediterráneo durante diez años si alguien como ella mira el mar por la ventana mientras teje un sudario esperando tu regreso.
Marzo de 2026
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