Democracia

Yo no sé quién dijo aquello de que la democracia no era perfecta pero que al menos era el menos malo de los sistemas políticos. Es una frase que cualquiera de los que estudiábamos EGB durante la Transición tuvimos que escucharla más de una vez. Habían sido cerca de cuarenta años de veneración a Franco, así que los últimos años setenta la gente no debía de tener muy claro todavía qué significaba aquella palabra que a todo el mundo le colmaba la boca, como el sabor de un dulce recién descubierto, si era tan bueno como decían o si al final se nos iba a cortar la digestión. Lo que sí parecía era que la democracia nos dejaba a todos a la misma altura, nos hacía iguales, y por fin podíamos votar. Yo todavía era un niño, pero bueno, no hay más que asomarse de vez en cuando por los capítulos de Cuéntame.
Con el tiempo uno ha ido cumpliendo años, como todo el mundo, y ha podido votar unas cuantas veces, y ha comprobado también que es verdad, que, al cabo, la democracia no es perfecta, pero sí que es el sistema menos imperfecto. Otra cosa es que uno crea a estas alturas en la igualdad. Al menos hasta anoche, cuando estaba delante de la pantalla, viendo el partido de la selección. Si la democracia es ese invento que nos otorga a todos los ciudadanos la misma categoría, el fútbol está un par de escalones por encima de la democracia. Ayer todos dábamos botes, nos tapábamos los ojos, se nos aceleraba el pulso y nos comíamos las uñas con idéntica ansiedad futbolera. El Rey, la Reina, Zapatero, Fernando Alonso, y todos los amigos que estábamos delante de la pantalla viendo el partido hacíamos lo mismo. Tres días antes, el jueves, el día de la semifinal, paseaba con mi colega de letras David Torres y los dos nos confesábamos que el fútbol nunca nos había entusiasmado. No sé David, pero yo de niño apenas jugué al fútbol porque me aburría. Y el caso es que allí estábamos los dos, camino de la cena del Premio Ateneo de Novela de Sevilla, buscando la manera de hacer funcionar una radio minúscula para enterarnos de si España ya le había marcado algún gol a Rusia. No he visto una forma más unánime de ponerse la gente de acuerdo en todos los días de mi vida.
No nos engañemos: la democracia no es eso que inventaron unos griegos barbudos hace 2.500 años, la democracia, si es lo que nos hace a todos iguales, por raro que parezca, no es más que un partido de fútbol.

© Andrés Pérez Domínguez

Comentarios

  1. Alguien decía que por eso los EE.UU. han impuesto su modo de vida. Porque una Coca cola es la misma Cocacola, para un Presidente que para un obrero.

    Estas cosas abren una interesante vía para la reflexión...

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  2. Pues sí, Jesús. Esto del fútbol es impresionante. Más o menos como la Coca cola, ya que lo mencionas

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  3. Yo jugaba de poste o de defensa estorbo. ¿No te pasaba a ti que cuando elegían equipos, primero elegían a los figuras, luego los buenos jugadores y por último, la morralla? Yo estaba ahí, entre los gordos con gafas y los minusválidos aficionados.

    Un abrazo, Andrés

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  4. Más o menos lo mismo, David: de poste o defensa estorbo. Lo que pasa es que el fútbol, cuando yo iba al colegio, era una especie de obligación en el recreo, y era lo único que se prácticaba a la hora de la gimnasia. Total, que acabé cogiéndole manía, igual que a las matemáticas. Sin embargo uno se va haciendo viejo y ya ves, ahí, loco por saber cómo va España...
    Un abrazo

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