Propósitos
Empiezo 2013 apático, como
cada enero (y esta vez, además, lesionado), retrasando deliberada y
perezosamente la decisión de escoger entre alguno de los proyectos que barajo,
ideas que ahora sólo están en mi cabeza o apenas esbozadas en un cuaderno, y
que en cuanto las elija convivirán conmigo durante mucho tiempo y pensaré en
ellas incluso los días en que no me siente a escribir en mi despacho. Quizá por
eso cada vez tardo más a la hora de elegir un proyecto, retraso el inicio de
una nueva novela todo lo que puedo, al menos hasta tener la impresión, nunca la
certeza, de que me gustará convivir con los personajes y con el mundo inventado
durante tantos meses. Pero caigo en la cuenta estos días de que ya he pasado
demasiado tiempo sin embarcarme en un proyecto de envergadura, y que aunque El silencio de tu nombre apenas lleva tres meses en las librerías y espero que
aún tenga por delante un largo recorrido, ya es hora de ir arremangándome, sin
prisas. Ponerme a esbozar una nueva novela que seguramente no empezaré a
escribir antes de la primavera y que, con suerte, llegará a los lectores a
finales de 2014, o tal vez más tarde. De todas las historias que me rondan en
la cabeza hay un par de ellas que ahora me apetece escribir. Lo mismo empiezo a
trabajar en las dos a la vez. Puede que incluso al cabo de un tiempo se
conviertan en una misma novela. Quizá con suerte me daré cuenta antes de
empezar a escribirlas de que ninguna de las dos merece el esfuerzo de ponerlas
negro sobre blanco. Pero basta ya. No me gusta pensar a tan largo plazo. Me
angustia. Es mejor disfrutar del trabajo de cada día, de la satisfacción de
haber cumplido con uno mismo. Y la vida siempre te trae cosas inesperadas.
Cosas buenas y cosas malas. Quién soy para saber lo que ocurrirá dentro de
tanto tiempo. Quién puede tener la certeza o la soberbia de decir en voz alta
que estará aquí siquiera.
© Andrés Pérez Domínguez, enero de 2013


Comentarios
Un abrazo.
Un abrazo,