Seguidores
Hubo
una época, por extraño que ahora parezca, en la que los escritores no estábamos
en las redes sociales. No hace tanto de eso. Escribíamos, publicábamos con más
o menos esfuerzo, y nuestros libros, con suerte, encontraban sus lectores. Parece que ya no es así. A primeros de 2008 fabriqué este blog con la intención de alargar
la vida de los artículos que entonces leía cada semana delante de los
micrófonos de Punto Radio (mi sección de opinión se llamaba La separata, de ahí el nombre de esta
bitácora: pero eso ya lo he contado alguna vez). Nunca me ha interesado mucho
la tecnología (sigo escribiendo a mano, y con pluma), pero el año pasado alguien
me contó que un community manager
(son quienes gestionan para otros el marketing
on line) me había puesto como ejemplo de escritor que ha sabido gestionar
con eficacia su presencia en las redes sociales. Me quedé perplejo, igual que
cuando hace tres años el escritor Fernando Marías me dio un premio (para ser
sincero, con bastante coña marinera) en su muro de Facebook por la misma razón. Lo único que he hecho ha sido atender a mis lectores en la medida de mis posibilidades, que no son muchas dado que cada vez dispongo de menos tiempo. Estrategia cero, quiero decir. En la primavera de 2009 abrí una cuenta en Facebook sin tener ni idea de cómo
funcionaba o si serviría para algo. Me lo recomendó un editor y lo hice. No
recuerdo cuándo abrí la cuenta de Twitter, pero sí sé que durante mucho tiempo
(por lo menos un año o dos) ni siquiera me molesté en usarla. En mi caso (y
quiero dejar claro que sólo hablo por mí, aunque me da que algunos colegas
piensan lo mismo), estoy en las redes porque tengo que estar, y no sé muy bien
si el tiempo que les dedico (y es más del que debería, creedme) debería
invertirlo en escribir, en documentarme o, simplemente, en vivir, vaya. Precisamente
mientras tecleo esta entrada no puedo dejar de sentirme culpable porque tendría
que estar tomando notas de un libro que me estoy zampando para documentarme sobre
una novela que quiero empezar pronto.
Pero hoy me he encontrado este
texto de ABC: “Los diez escritores que debes seguir en Twitter”. A saber: Bret
Easton Ellis, Joyce Carol Oates, Salman Rushdie, Patricia Cornwell, Chuck
Palahniuk, Margaret Atwood, Paulo Coelho, E. L. James, Juan Villoro y Arturo
Pérez-Reverte. La mayoría son autores conocidos y superventas. Algunos de
ellos, además, me gustan mucho. Y ahí está, en mi opinión, la madre del
cordero. Si un autor tiene muchos lectores y abre un perfil en una red social y
además interacciona, lo normal es que tenga muchos seguidores. Pero me temo que más de un aspirante a escritor, o incluso escritor, se empeña en tener primero seguidores y luego ponerse a trabajar, porque, no nos engañemos: la rutina diaria de escribir una novela es lo menos glamuroso de esta profesión, y por desgracia me encuentro a mucha gente cuya única aspiración es salir en la tele o tener tropecientos mil seguidores en las redes sociales sin darse cuenta del peaje casi siempre prohibitivo que requiere soportar los inconvenientes, frustraciones y sinsabores varios de una carrera literaria. Salvo
contadísimas excepciones, si no eres un autor sólido, con trayectoria (de
calidad prefiero no hablar), tener muchos seguidores en las redes no significa
que tus lectores dejen vacías las estanterías de los centros comerciales cuando
publicas una nueva novela. No nos engañemos. Los lectores al final no son tan
manipulables. Aunque es cierto que demasiadas veces he asistido a
manipulaciones más o menos burdas (algunas tan descaradamente vergonzosas que
me sorprende que nadie se dé cuenta) o inteligentes por parte de escritores que
quieren sumar seguidores en las redes sociales con la esperanza de que se
conviertan en lectores o les sirvan de aval para una futura publicación.
Resulta un poco triste, al menos para mí, pero tal vez sigo siendo un romántico
o un ingenuo, que uno de los criterios de una editorial para publicar a un escritor
llegue a ser el número de seguidores que tenga en una red social.
PS: no me gusta la palabra
“seguidor” porque tiene una connotación de inferioridad, pero la escribo para
simplificar. Tampoco me agrada la palabra “amigo” cuando se usa en Facebook. Quizá
lo más adecuado, en ambos casos, sería decir “contacto”. Yo prefiero tener lectores
a seguidores, y la amistad, no nos engañemos, no tiene nada que ver con pinchar
en “me gusta”, compartir contenidos o retuitear.
©
Andrés Pérez Domínguez, enero de 2013



Comentarios
Prefiero ser tu lectora a tu seguidora. Lo de contacto me suena fatal.
Un beso enorme y no cambies.
También pienso que "amigos" es otra cosa, salvo en algunos casos, claro, pero no es lo habitual :-)
Un abrazo.
Abrazos y besos,