Tan difícil de escribir como sencilla de leer

Ayer por la mañana mientras iba por la calle me llegó un correo al móvil con el aviso de una reseña. Quienes me conocen saben que no presto mucha atención a los mensajes del móvil; que, aunque me parece útil, abomino del whatsapp y ni siquiera me suenan los avisos. También, para escribir un mensaje cuando estoy en la calle, procuro no sólo pararme, sino buscar un lugar para sentarme. 
Y yo, que rara vez navego por Internet desde el móvil, ayer no me senté, pero sí me paré en la calle para leer esta reseña que había escrito Rubén Castillo Gallego sobre El silencio de tu nombre en la revista digital www.agitadoras.com 
Te alegra el día que un colega sea tan generoso con tu trabajo. Da gusto cuando, siete meses después de su publicación, te das cuenta de que hay gente que ve cosas en tu novela en las que quizá nadie antes había reparado.

"Hace ya tiempo que descubrí, en la prosa de Andrés Pérez Domínguez, su condición caleidoscópica; es decir, la anonadante virtud que tiene para alcanzar, sea cual sea la combinación de sus cristales, la belleza literaria. Nos hable de hombres, de mujeres, de espías, de boxeadores o de científicos, lo hace con elegancia inaudita y con un eficaz manejo de los resortes narrativos. Su última novela, El silencio de tu nombre, ostenta idénticas virtudes. Tratar de resumir su trama sería, aparte de absurdo y farragoso, una descortesía hacia sus futuros lectores. No incurriré, pues, en tal equivocación. Digamos simplemente que en el año 1950 se desata una lucha sorda para descubrir la localización de un inmenso tesoro robado por los nazis a los judíos, y que los escenarios de la obra (Madrid, París, Berlín, Génova, Andalucía) van viendo desfilar a un buen número de personajes: comunistas dominados por el idealismo, periodistas deportivos, chicas de alterne, burócratas corruptos, viejos héroes de guerra, falsificadores, agentes de la CIA, señoritos andaluces dedicados al espionaje, nazis camuflados... Y todo eso combinándose en una sorprendente obra de ingeniería novelesca, tan difícil de escribir como sencilla de leer, basada en los saltos temporales y en el delicado pero eficaz juego de las cajas chinas, que se cierra con un delicioso final lánguido. ¿Los personajes? Pues la misma perfección inmaculada que pregonamos de la trama o la escritura del libro podríamos aplicársela a ellos. En especial, a los cinco que constituyen la médula del relato: el capitán Martín Navarro (que ha visto cómo la lenta erosión de sus ideales lo arrojaba a un mundo sórdido), el periodista Gregorio León (que se ve envuelto en una trama que lo supera y que encuentra su única luz en los brazos de una mujer inesperada), Robert Bishop (un norteamericano con más densidad anímica de la que se podría pensar en sus primeras intervenciones), la banquera Mercedes Corrientes (fascinante, poderosa y beata, digna aspirante a una futura novela con su historia) y Erika Walter (viuda de un personaje turbulento llamado Emil Liebermann, que terminará convertido en el gran protagonista fantasma de la obra). Con esta novela, el sevillano Andrés Pérez Domínguez nos traslada una fascinante historia de amor, pero también una serie de interesantes reflexiones sobre el sentido de la culpa, sobre el peso que en cada uno de nosotros imprime el pasado y sobre la forma en que inevitablemente termina por invadirnos la decepción al final de nuestras vidas. Quizá porque vivir sólo es elegir la postura en que seremos derrotados. Quién sabe." 


Comentarios

  1. Felicidades por tantos éxitos.Eres un buen escritor y mejor persona.

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  2. Muchas gracias por tus palabras, Pakiba.
    Un abrazo,

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