Gamberras

 

 

Te pasas casi todo el sábado y el domingo haciendo mil cosas pendientes y charlando y bebiendo vino con amigos, lo que, la verdad, no es mala forma de pasar un fin de semana. Ni siquiera ves las noticias ni te enteras de nada porque tienes la sana costumbre de no usar redes sociales en el móvil (tal vez llegará un momento en que ni en el ordenador) y cuando por la noche enciendes la tele, exhausto, mientras picas algo con cierta desgana, ves a estas dos gamberras (disculpad el uso del femenino, pero eran dos mujeres), con cara de idiotas tras haber arrojado sopa sobre La Gioconda. Quizá sea porque voy de cabeza a convertirme en un viejo cascarrabias, pero aguanto pocas tonterías. Sobre todo las que tienen que ver con los malos modales o la estupidez, que a menudo (a menudo y por desgracia) coinciden. No es la primera vez que pasa esto, y no será la última: ¿queréis apostar?Por muy noble que sea la causa (y entiendo que lo que defiende el colectivo “Respuesta alimentaria”, al que pertenecen estas locas, debe de ser la pera), a mí deja de interesarme cuando la manera de llamar la atención es atentar contra una obra de arte, por muy protegida que esté por un cristal, por muy imposible que parezca estropearla. Hasta me dan ganas de hacer justo lo contrario de lo que reivindican, si es que quisiera perder el tiempo en enterarme de lo que reivindican. 

Dicho esto, el Louvre es un lugar magnífico para pasar las horas y la sala donde está colgado el cuadro de Leonardo da Vinci suele ser de las más concurridas, llena de gente haciendo fotos, como autómatas, en lugar de admirar la obra bien provistos de pañuelos para limpiar la baba. La última vez que estuve allí me pasé un rato largo con quien me acompañaba, los dos solos, fascinados ante la estatua egipcia del escriba sentado (medio metro de altura, esculpida hace 4.500 años), sin hacer fotos, sólo mirándola, la mejor manera de disfrutarla. Sin riesgo, ahora también lo sé, de que un par de gamberros nos arruinasen la mañana. 

Ser menos famoso tiene muchas ventajas.

 

            © Andrés Pérez Domínguez, enero 

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