Get busy living




Antes lo apuntaba de cuando en cuando, pero a primeros de 2023 me impuse hacerlo cada día. Resulta muy útil. Os lo cuento. Lo descubrí hace tiempo en un libro de Alejandro Cencerrado: En defensa de la infelicidad. Se trata de poner una nota a cada día, de una forma justa y sincera. Al final del día o a la mañana del día siguiente. Yo suelo optar por la segunda opción. Pero no debe estar muy separado en el tiempo, para que el presente no contamine el recuerdo ni para bien ni para mal. También hay que anotar lo que has hecho cada día, aunque sea de una forma muy breve, para saber los motivos que te han empujado a puntuar con una nota más baja o más alta. Es muy subjetivo (cómo podría ser de otra forma, claro), pero al poco de someterte a la disciplina de apuntarlo puedes ver de una forma gráfica y útil lo que resulta relevante para ti y lo que no, lo que te alegra y lo que te pone triste, lo que debes evitar y lo que debes buscar sin descanso. Un cinco es un día normal y no te importaría que el siguiente fuera así. Un diez supone estar en el cielo, supongo (yo nunca llego tan alto, ni siquiera pienso que sea saludable; como mucho al nueve, y con mucha suerte sólo puedo puntuar así un día al año, o ninguno). Al revés igual. El cero supone el infierno, pero tengo la suerte de no conocerlo. Para mí lo normal es que los días ronden el cinco. A veces un seis, puede que hasta un siete. O un cuatro, y si he estado muy triste un tres. Lo normal, al menos en mi caso, es que los días tiendan a un punto neutro donde nada resulta extraordinario ni terrible. Supongo que a la mayoría le pasará igual. Quizá esa sea la tendencia natural de la existencia. O la paz que siempre he buscado. Todo eso lo sabemos, claro que sí, pero resulta muy aleccionador verlo negro sobre blanco. Comprobar que hay cosas que te importan mucho y otras que no te importan nada.

Al cabo, en 2023 se han colado días buenos y días malos, como en la vida de cualquiera. Algunos muy buenos, incluso impagables. Y algunos malos, muy malos, pero nunca terribles, por fortuna. Es un ejercicio muy útil, decía. Te das cuenta de muchas cosas que el tiempo desdibuja. Resulta fácil recordar algo como muy malo cuando en realidad no fue para tanto. O al revés. Pero lo más importante, creo, es algo que siempre he tenido claro: la felicidad, o la alegría, o como queráis llamarlo, a menudo tiene que ver con nuestra voluntad. En mi caso, los peores días de este calendario son cuando he discutido con alguien, sobre todo si se trata de personas a quienes quiero. Los mejores, los buenos ratos con los amigos, con la familia. Cada vez soy más consciente de cuánto significa estar rodeado de gente noble; también, claro, cómo no, el instante de mirarte dentro de los ojos de una mujer que merezca la pena. No hay nada material en la felicidad, vaya. A menudo se trata de la voluntad de ser feliz y de sentirte vivo. Algo así como eso que le decía Morgan Freeman a Tim Robbins en Cadena perpetua“Get busy living or get busy dying”. Empeñarse en vivir o empeñarse en morir. 

Pues eso.

 

 

© Andrés Pérez Domínguez, enero de 2024

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