Inventar mentiras

Me acuerdo de las películas que veía de niño, Sesión de Tarde los sábados, después de los dibujos animados, cuando sólo había dos cadenas de televisión. Me acuerdo de las películas de aventuras de Burt Lancaster, de Gregory Peck o de Robert Taylor, de las películas en blanco y negro que llenaban los fines de semana. Una, que vi más de una vez, me gustaba mucho, El joven Edison, con Mickey Roonie. Mi escena favorita era cuando operaban a la madre, y no había bastante luz, así que Edison, apenas un mozalbete, dispuso una serie de espejos junto las velas, alrededor de la mesa donde su madre iba a ser intervenida, y la iluminación prodigiosa suscitó un comentario del médico, sorprendido ante el descubrimiento de lo que después sería algo que hoy tenemos tan a mano que no nos damos cuenta de su importancia: me refiero a la bombilla.Probablemente la realidad fue mucho más prosaica. Seguro que Thomas Alva Edison llegó a descubrir esa maravilla de otra forma, pero no me importa. Hace muchos años que vi esa película, y así es como lo recuerdo, así es como quiero recordarlo. Edison —el real, no Mickey Rooney— llegó a registrar más de 1.200 artilugios en la Oficina de Patentes, alguno de ellos tan conocidos como el fonógrafo. Inventar, descubrir cosas nuevas, hacer la vida más fácil o más cómoda, tal vez sea uno de los mayores logros del ser humano. El inventor del Chupa Chup —español, por cierto— dice que se le ocurrió la idea de la archiconocida golosina al ver cómo los niños se manchaban irremediablemente las manos al comerse un caramelo. La solución era tan sencilla como poner un palito a la chuchería. Luego, lo demás, y después de haber visto a Telly Savallas en Kojack, es historia.Pero será porque todos queremos ser más de lo que somos, o que todos queremos aparentar más de lo que tenemos, algunos científicos de ahora no tienen nada que ver con Edison, o con Benjamin Franklin, el inventor del pararrayos. Hendrik Schön, un joven científico alemán, con una trayectoria meteórica dentro del mundo de la Física ha sido despedido por inventarse datos en los resultados de 17 experimentos para convertirlos en éxitos que atrajesen la atención mundial. Incluso ya había quien lo consideraba un firme candidato al Nóbel. Ahora, para sonrojo de quienes lo apoyaban ha sido acusado de mala conducta científica y puesto de patitas en la calle por Bell Labs, la compañía donde trabajaba en Estados Unidos. Lo peor, aparte de la candidatura al Nóbel, es saber que había ganado varios premios y que incluso fue propuesto para la dirección del prestigioso Instituto Max Planck, de Stuttgart, lo que lo hubiera convertido en el director más joven de la historia de la Institución. No sé cuál sería la valía científica de Hendrik Schön, pero como inventor de mentiras, la verdad, sí que merece un premio.

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