El pulpo Sarkozy

Querido Cristóbal: ya te dije alguna vez en este espacio que Nicolás Sarkozy, el mandamás de los franceses, era mi ídolo. Seguro que te acuerdas: lo mismo arreglaba una crisis internacional que se iba a las pirámides de vacaciones con Carla Bruni. Y ahí lo teníamos, tan bajito, con esa cara como de estar silbando todo el tiempo, los michelines astutamente borrados con el photoshop, y se había levantado a una hembra de las que quitan el hipo. Lo normal, supongo, porque de mujeres yo siempre he entendido lo justo, o sea, nada, es que si te ligas a Carla Bruni termines pensando que cualquiera que se te ponga por delante va a ser coser y cantar, que eso de seducir a las mujeres, aunque sólo sea con la intención de salir en primera página o para que tu popularidad no se venga abajo, después de haber encandilado a la Bruni ya no tiene secretos para él. Pero qué va, Cristóbal. Ahora viene Ángela Merkel, la primera ministra -fíjate cómo uso los adjetivos en femenino, por si Bibiana Aído nos está escuchando o le da luego por entrar en mi blog- y se queja porque le petit Sarko, o sea, Sarkozy, es demasiado efusivo cuando la saluda. Ya sabes, en Francia es costumbre soltar tres besos en lugar de dos, y el pulpo de Sarkozy que si la mano por aquí, la mano por allá, total, que acaba incomodando a una mujer cuando menos te lo esperas. Según he leído estos días, resulta que Ángela Merkel además de teutona es protestante, y parece que ser que esto es como si se juntaran el hambre con las ganas de comer. Esto es, fría de nacimiento y distante por educación. Desesperada que anda la mujer pensando cómo será el próximo encuentro con el francés. Y Sarkozy, al que le va más el Mediterráneo que los festivales de música de Salzburgo, no acaba de entenderlo.
Y, la verdad, querido amigo, alguien tenía que haberse dado cuenta antes de que somos tan diferentes los del sur y los del norte. Porque de París para abajo la cosa se complica mucho más. No quiero ni pensar en lo que sufriría la Merkel por aquí abajo con algunos políticos en ciertos momentos. No sé, Cristóbal, y te aseguro que ahora voy en serio: esto, que parece una tontería y que a todos nos da risa, es una muestra estupenda de lo diferentes que son las cosas en cada uno de los países de Europa. Que sí, que eso de ser europeos y usar la misma moneda está muy bien, sobre todo para los que regentan negocios de hostelería, pero que, a la hora de la verdad, lo mejor sería que cada palo aguantase su vela. Si no, fíjate, cuando hay una fiesta de las de verdad, una de esas en las que van a homenajearse Sarkozy y los que parten el bacalao, a nosotros ni siquiera nos invitan.

© Andrés Pérez Domínguez, octubre de 2008

Comentarios

  1. Ay! ,querido amigo si es que no se puede meterle el dedo en el ojo a Bush, estirale las orejas, darle una apatada en sus partes pudendas y luego decirle: jopelines, invítame a tu cumple, porfa, please. Es lo que hay...

    Antonia J Corrales

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  2. Querida Antonia. Yo de Bush y de su cruzada maligna contra Iraq he escrito y he hablado muchas veces en la radio, y nada me queda por añadir al asunto. El que quiera saber mi opión que se entretenga un rato curioseando en el blog.
    Pero eso de quedarse sentado cuando pasa pasa la bandera, no la de EEUU, sino la de cualquier país, es una falta de respeto tan grande como no estrechar la mano de alguien que te quiere saludar. Es un gesto más propio de adolescente enfurruñado que de presidente de gobierno, pero tampoco he dicho nunca que la clase política de ahora (de cualquier bando) sepa estar a la altura de las circunstancias.
    Es normal que no te inviten al cumple, ni aunque traigas un regalo enorme con lacito.
    Un beso,

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  3. Andrés, esta respuesta se merece otro artículo, qué bueno encontrar críticos con equilibrio!
    un abrazo

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  4. Benito, se hará lo que se pueda. Ya veremos de aquí al viernes de lo que escribo. Tal vez de lo amables que son algunos vigilantes de los trenes de cercanías de Madrid. Estuve allí el sábado y traigo alguna que otra imagen grabada. Ya veremos si no se me cruza algún otro tema antes.
    Un abrazo,

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  5. Espero que no te pasara nada en los madriles porque de ser así dímelo y tomamos medidas, faltaría más. En serio, me muero de ganas por saber qué pasó. Imagino que algún mendrugo se cruzó en el camino, estaría genial que no lo dejases para otra vez, cuéntanos.

    Creo que mi anterior comentario no ha sido bien interpretado, pero así son las cosas de los blog y los correos, yo soy anti Bush, de ello, también, tengo muchos artículos de opinión en radio. Soy tan anti Bush que incluso cuando no tocaba ponerle las peras al cuarto aprovechaba cualquier escusa para hacerlo. Pero, como tú bien dices, hay que saber estar y también jugar las cartas (sobre todo en política) Y, ante todo, hay que tener respeto por el resto, que hay muchos americanos que no tienen nada que ver con los "desmanes" de este señor.
    También hay que saber reír...
    Saludines,
    Antonia J Corrales

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  6. Querida amiga: no te preocupes que en tu comentario se entendía la ironía, y el que no, pues es su problema. Nadie con un mínimo de sensibilidad puede ser pro Bush. Al menos ésa es mi opinión. Y tú de sensibilidad vas bien despachada, por fortuna.
    Respecto a Madrid, pues bueno, a lo mejor el próximo viernes dedico mi separata en la radio a eso, y la colgaré por aquí. Uno, que es andaluz, y de pueblo, no acaba de acostumbrarse a las grandes ciudades y sobre todo hay algo que nunca he podido soportar, y a medida que me hago mayor cada vez soporto menos, son los malos modales y la prepotencia, algo de lo que por desgracia van muy bien despachados muchos (ojo, matizo, porque me he dado cuenta de que no basta con decir muchos, sino aclarar que no me refiero a todos, porque enseguida empieza la gente a protestar: así que espero que quede claro: no todos) de los que se ponen el uniforme de una empresa de seguridad. Bueno, y paro aquí porque me va a salir el artículo solo. Y es que éste es un artículo de los que salen solitos.
    Por cierto, Antonia. Muy bien en Getafe. Te habría gustado estar por allí.
    Un beso,

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  7. Pues sí que me habría gustado, sobre todo por verte y darte un achuchón, que ya va siendo hora...
    Pero ya ves... qué te voy a contar a ti que tú no sepas?
    Espero ese artículo.
    Un beso enorme,
    Antonia J Corrales

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