Cosas que importan



 Llegué ayer de la feria del Libro de Madrid. Y aunque lo normal sería contarlo en orden cronológico, hoy prefiero hablar de otra cosa, una cosa que me importa de verdad. Qué más da la lógica. Ya hablaré de la feria otro día. O no... Hoy quiero hablar de las dedicatorias de los libros. Pero no de las firmas que uno estampa tras el mostrador de una caseta, sino de esas que van impresas en el libro y se quedan ahí para siempre, multiplicadas en todos los ejemplares. Una de las manías que tengo es fijarme en las dedicatorias. Los libros que no las llevan siempre me parecen un poco huérfanos, y me pregunto si el escritor se habrá quedado sin amigos o acaso nadie merece unas palabras amables en las primeras páginas. Desde que publiqué La clave Pinner he dedicado todos mis libros: a mi familia o a gente muy querida por mí. Puede parecer una tontería, pero dedicar un libro tiene algo trascendente, porque va a quedar ahí mucho tiempo,.con suerte incluso cuando tú ya no estés. Dedicar un libro es un acto cargado de significado, quiero decir.
Lo único que tenía claro antes de empezar mi nueva novela (antes que el título o la trama), era que se la dedicaría a mi amigo Óscar Oliveira, el jefe de prensa de la editorial Algaida, al que conozco desde hace mucho pero se convirtió en mi sombra y en mi ángel de la guarda durante el año largo que duró la promoción del premio Ateneo de Novela de Sevilla, y tiene buena parte de culpa de que, casi tres años después de su publicación, El violinista de Mauthausen siga vivo en las librerías.
Procuro mantener el secreto de la dedicatoria hasta el momento de la publicación, y no pensaba decirle nada a Óscar hasta octubre, cuando mi nueva novela estuviera en las mesas de novedades. Pero ayer mis editores de Plaza & Janés me dieron una sorpresa. Han preparado una edición de las pruebas de la novela, sin corregir todavía, para los libreros y la prensa. Me hizo mucha ilusión, porque ya se puede ver la cubierta y el texto casi como quedarán definitivamente. Como también aparece ya la dedicatoria de Óscar y no puedo controlar el recorrido de estos ejemplares anticipados, ayer lo llamé y me inventé una excusa para quedar con él unos minutos, en una estación, entre tren y tren. Te he traído un regalo, le dije. Su reacción al ver la dedicatoria prefiero reservármela. Por pudor. Por respeto. Que lo cuente él si quiere o que se lo pregunten quienes lo conocen. Lo único que puedo decir es que quizá sólo por ver la cara de un amigo cuando descubre que le has dedicado un libro merece la pena tanto esfuerzo en este oficio incierto.
 


© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2012

Comentarios

  1. dedicatoria merecida, estoy seguro. abrazos a los dos.
    pedro ugarte

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  2. Seguro que le hizo mucha ilusión... a ver si se anima a contarlo.

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  3. Hola, Andrés. Perdona por la intromisión.
    Me paso por tu rincón literario para comunicarte que el blog de Editorial C & M vuelve a estar activado, esta vez en Blogger.
    Perdí las entradas de los últimos cinco años, pero lo importante es volver a estar de nuevo por Internet.
    Te he enlazado al mío para seguirte.
    Nos leemos.
    Un abrazo.
    Carlos

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  4. Gracias por vuestros comentarios.
    Abrazos para todos,

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  5. Doy fe de la sensación tan grande que te produce que alguien querido te dedique un libro, es demasiado para contarlo en una línea, pero la gratitud es infinita, y nunca, absolutamente nunca se siente uno merecedor de ella. Eternamente gracias Andrés.

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    1. Ah, y felicidades a Óscar, que es un tío fantástico!

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  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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