El héroe de Tiananmen
Me entero hoy de que se cumplen 23 años de las revueltas de Tiananmen y, como todo el mundo, al
recordarlo resulta inevitable que la primera imagen que se me venga a la cabeza
sea la del héroe solitario que detuvo una fila de tanques en la Cháng
An Dà Jie, muy cerca de famosa plaza, armado con un par de
bolsas de plástico. Pienso en este valiente y recuerdo haber leído alguna vez que jamás se
volvió a saber nada de él, si sobrevivió y sigue en China; si se
marchó al exilio. Ni siquiera su nombre. Me gustaría pensar que aún está vivo,
quizá secretamente orgulloso de aquel gesto que nos enseñó a todos lo que
significan palabras tan usadas ―tan mal usadas― como valor o dignidad. Pero la
lógica me conduce a pensar que lo silenciaron para siempre. Leyendo testimonios
de los supervivientes del Holocausto comprendí lo que significaba el
sentimiento de culpabilidad de los que sobreviven a las tragedias. ¿Por qué he
tenido que sobrevivir yo y no muchos otros que fueron más valientes? se
preguntaban apesadumbrados. En las novelas o en las películas los héroes suelen
vencer, pero quizá no sea ésa sino una de las ventajas de la ficción: acomodar
el mundo a la manera en que nos gustaría que fuese, para compensar la vida. A lo
mejor por eso a la gente le gusta leer novelas y ver películas. Porque, nos
guste o no, por desgracia la vida real acostumbra a ser poco generosa con los
héroes. Casi siempre los que se arriesgan o se atreven a levantar la voz son los primeros a quienes quitan de en medio.
© Andrés Pérez
Domínguez, junio de 2012


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