Unos versos de Machado


                  
El martes preparo un paquete con las galeradas corregidas de El factor Einstein para que las recoja un mensajero y aprovecho para escaparme unos días a la playa, con cierta urgencia ya porque las vacaciones de los estudiantes están al caer y quedan muy pocos días ―tal vez sólo los primeros de la próxima semana― para que desde el lunes hasta el viernes la playa donde ahora habito un apartamento prestado sean tan diferente a esta extensión inabarcable por la que cada tarde paseo un par de horas, sin resistirme a admirar la belleza transparente de las medusas que me encuentro por el camino, hasta que ya no veo a nadie en la línea del horizonte.
Quizá los psicólogos tengan un nombre para esto, pero, aunque no debería, enseguida me olvido de cuántos fines de semana seguidos he estado trabajando o de cuántas noches me he desvelado mientras escribía mi última novela. Me olvido y a duras penas mantengo a raya un absurdo en innecesario sentimiento de culpabilidad por aprovechar unos pocos días junto al mar cuando la mayoría no puede hacerlo. Ni aunque sepa que la mayor parte del verano sucederá lo contrario y seré yo quien esté encerrado en un piso mientras los demás veranean.
Será porque estoy convencido de que la única manera de salir adelante ―en la escritura, en la vida― es no bajando nunca la guardia, no hay un solo día que me levante y no recuerde, al menos durante un instante, cuánto me ha costado y a cuántas cosas he renunciado para hacerme un hueco en este extraño oficio. Vivo sin estrecheces pero sin excesos, no me embarco en aventuras que no sé si podré pagar, pero ya veis, tengo esta maldita manía de sentirme un poco culpable cuando estoy disfrutando lo que a lo mejor me he ganado pero  nunca acabo de estar seguro de merecer. Quizá debería intentar acostumbrarme a recitar sin ruborizarme esos versos de Machado que me gustan tanto:

“Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago”


© Andrés Pérez Domínguez, junio de 2012

Comentarios

  1. Muy interesante esta reflexión que has compartido en tu blog,Andrés.Escribir es un arte maravilloso que se debe seguir cultivando .Es admirable la labor de un escritor,ya que debe ser difícil poder crear una historia dando vida a muchos personajes. Imagino que debe ser hermoso saber que hay muchos lectores que aprecian tu brillante trabajo y lean tus novelas .Yo debo felicitarte por tu carrera de escritor.Que sigas alcanzando muchos éxitos.
    Un fuerte abrazo desde el Perú.

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  2. Guay una playa desierta y toda para ti ( fantástico ) es un rollo cuando hay mucha gente das envidia ,no trabajes tanto y disfrútala que se pasa pronto.Buenas noches

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