El cumpleaños de un chaval


                  
Esta noche vengo de celebrar el cumpleaños de un chaval de setenta y cinco veranos. Ayer, cuando le recordé cuántos cumpliría hoy, mi padre me decía, resignado, que cumplir setenta y cinco años es una faena, pero yo le dije ―o lo pensé, no lo recuerdo―, que ojalá pudiera soplar velas durante otros setenta y cinco años más, por lo menos; que yo pudiera pedirle consejo cada vez que me asalten las dudas y no sepa cómo encarar un problema y tener la seguridad y la tranquilidad de que, por muy mal que me vayan las cosas, siempre habrá alguien en la retaguardia en quien poder confiar.
Alguna vez me preguntan en una entrevista el nombre de una persona a quien admire, supongo que esperando que suelte una lista de escritores famosos, pero yo siempre respondo que a mis padres. Mi padre y mi madre se criaron en un tiempo muy diferente al de ahora, sin prima de riesgo pero mucho más complicado y más duro, y desde muy niño me enseñaron que la única forma que hay en la vida de conseguir algo es esforzándote mucho. Estoy convencido de que hoy no habría nadie asomado a la pantalla de su ordenador leyendo esta entrada si no hubiera asimilado esa lección desde muy pequeño. Mis padres no van a leer este post. No navegan por Internet. No les interesa. Tampoco les hace falta para saber lo que su hijo piensa de ellos.
Mi padre fue un niño pobre. Su padre era analfabeto. Y también lo fue el padre de su padre. Mi vida ha desembocado felizmente en la escritura, pero jamás he buscado la fama ni el dinero en este oficio tan raro, sino regalar a mis padres la íntima y legítima satisfacción de ver un libro con el nombre de su hijo impreso en la cubierta. A partir de ahí, nada de lo que suceda importa demasiado.



© Andrés Pérez Domínguez, julio de 2012

Comentarios

  1. No me cabe la menor duda de que están muy orgullosos de ti. Amparo.

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  2. Lo importante es cumplirlos y si estas bien de salud pues mucho mejor .Y FELICIDADES otra vez (hay que cuidar a los padres )y tú lo haces yo cuido de mi madre que esta enferma y ya es mayor

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  3. Es de bien nacido ser agradecido, y estoy convencida de que la mejor forma de agradecerles a ellos todo lo que se han sacrificado por nosotros es atenderles y mimarles en nuestra madurez porque en nuestra juventud esas cosas no se miraban demasiado. Es una entrada preciosa. Mi hijo mayor me preguntó una vez cuando tenia 10 u 11 años que cómo uno podía seguir adelante cuando te faltaba tu padre o tu madre, realmente espero tardar todavía mucho en tener que encarar eso. Un abrazo.

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  4. Muchas gracias a las tres por vuestros comentarios. Esta entrada significa mucho para mí. Abrazos,

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