Bodas de oro


Durante el puente de la Constitución y la Inmaculada luce un sol espléndido que te empuja a salir a la calle para dar una vuelta por el centro de la ciudad y ver los adornos navideños recién colocados. El viernes no puedo porque trabajo a pesar de ser fiesta. Llevo mi nueva novela a un buen ritmo y prefiero no parar hasta Navidades, cuando haré una pausa sobre todo para sentarme a leer tranquilamente lo que llevo escrito y ajustar la trama para que no se desvíe y me lleve por derroteros que no son los que quiero. Pero el sábado por la mañana aprovecho para caminar por el centro, acercarme otra vez a la Feria del Libro Antiguo que aún sigue en la plaza Nueva. Me gusta diciembre. Puede que sea el mes del año que más disfruto, porque hace frío y los días son más cortos y las Navidades están cerca. Siempre que he podido en diciembre he aprovechado para hacer alguna escapada y recorrer los mercados navideños de esas ciudades extranjeras donde a pesar del frío hay tanta gente en los puestos y puedes saborear ese vino especiado que reconforta el estómago. Ya van dos años que no lo hago, pero todo se andará, espero. Diciembre también es especial porque es el día de un aniversario emotivo, y este año más todavía porque tiene la indudable rotundidad de las bodas de oro y nos reunimos toda la familia: mis padres, mi hermana, mis sobrinos, mis tíos, que se casaron justo un año antes de mis padres, mis primos y sus hijos. Cerca de veinte personas en torno a una mesa. Todos familia. Nos juntamos porque queremos hacerlo y nunca hay reproches ni malos rollos ni rencillas. El año pasado celebraron las bodas de oro mis tíos. Este año mis padres. Muchas fotos, muchas risas y muchos besos. Un ramo de flores que mi padre ha encargado para mi madre. Un par de sorpresas que hemos preparado mi hermana y yo. Unos cuantos regalos de mis primos y de mis tíos. Al final, lo único que importa es la familia. Todo lo demás resulta prescindible. Sólo echo de menos que no nos reunamos todos ―varias generaciones y de ramas distintas― más veces. 
Pero al menos siempre nos ha quedado diciembre. Ojalá que siempre nos quedara.



© Andrés Pérez Domínguez, diciembre de 2013

Comentarios

  1. Un millón de felicidades para tus padres , es todo un gozo poder disfrutar de esos 50 años de casados para ellos y para la familia.
    Que por muchos años podais reuniros y celebrar con amor esta fecha tan importante.

    Un abrazo para ellos y para ti con cariño.

    ResponderEliminar
  2. Para mi un gran placer participar, sintiendome parte de esa familia que siempre está ahí..un beso fuerte

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Olga. El placer y la suerte es mía por tener una familia como ésta. Un beso grande,

      Eliminar
  3. Muchas felicidades ,recuerdo cuando fue la de mis padres ,lo pasamos todos muy bien.( el 5 de este mes hubieran hecho 54) ,y las navidades como podemos porque son tristes ,(mi madre falleció en navidad).Pero así todo feliz navidad

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo siento, Rosa Mary. De verdad. Gracias por tu comentario. Un abrazo,

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Las pajas reales (o cómo escribir una felicitación navideña políticamente correcta)

La Teoría de la Relatividad

François Cluzet