Araña de Oro
Es tarde y, a estas horas, lo
peor que puede hacer un insomne es encender el ordenador. Si encima se pone a
escribir, tiene muchas papeletas para dar la noche de sueño por perdida. O
casi. Mañana he de empezar a revisar las pruebas de mi nueva novela, pero sé
que si me voy a la cama sin contar al menos un poco la cena de esta noche puedo
terminar levantándome dentro de un rato, sin haber sido capaz de pegar ojo,
hasta dejar constancia.
Pero ahora mismo, mientras
tecleo esta entrada, tengo una insignia dorada en la mesa que me han colocado esta noche en un ojal de la camisa. Un premio que no estoy seguro de merecer: siempre digo que los reconocimientos que a uno
le dan por su trayectoria son un poco extraños, porque bastante suerte supone
poder trabajar en lo que te gusta, y para mí el verdadero premio es sentarme cada
día delante de una hoja en blanco para jugar a imaginemos.
Al grano. Doce años sin pisar
la feria de Sanlúcar la Mayor (el pueblo del sur de España donde me he criado)
y hoy he ido a cenar a una caseta en la que me han dado un premio. Hace un par
de meses me llamó José Manuel Bou, un viejo amigo de la familia (él lo ha dicho
esta noche, micrófono en mano: es amigo de mi hermana, amigo mío, y amigo de
mis padres), para decirme que los miembros de su caseta, la famosa caseta de La
Araña, me habían escogido este año para darme el premio “Araña de Oro”. Los
socios de la caseta de La Araña han conseguido que, como decía más arriba, doce
años después haya vuelto a pasear por la feria mi pueblo (no nací en Sanlúcar,
pero ya lo conté aquí otra vez que mis paisanos me hicieron el honor de darme un premio: el buey no es de donde nace, sino de donde pace. Conque, yo soy de
pueblo. Y a mucha honra). Y me ha agradado mucho pasear esta noche por el real,
la verdad, como si no hubiera pasado el tiempo. Sentarme en una caseta mirando
a la calle. Charlar con gente que hacía años, décadas, que no veía.
Cuando a uno le dan un premio
sus paisanos siempre le queda la duda de no haber dejado lo bastante claro el
honor que ha recibido. Valga esta entrada en el blog para dejar constancia de
mi agradecimiento a todos los socios de La Araña por haber pensado en mí. Por
haber iluminado durante un rato las caras de mis padres.
© Andrés Pérez
Domínguez, mayo de 2012
Comentarios
Un besote.
Abrazos,