La última noche, de Francisco Gallardo
Rompo la pereza bloguera de estos últimos días porque esta mañana me ha
hecho mucha ilusión recibir un libro. Si además se trata de la novela de un
amigo, el placer es el doble. Más todavía si sólo con ver la cubierta intuyes
que el libro tendrá muchos lectores. Y, se preguntarán algunos: ¿se puede recomendar
un libro sin haberlo leído? Claro que sí. Incluso se puede publicar un libro
sin haberlo escrito, o, peor, sin haber leído jamás un solo libro. ¿Que por qué
sé que La última noche, de Francisco Gallardo, va a tener muchos lectores?
Bastaría la cubierta, tan cuidada, pero no es éste el caso. La primera novela
de Francisco Gallardo, El rock de la calle Feria, fue un éxito
inesperado y La última noche, que trata sobre la médico Sarah Avenzoar ―nieta
del famoso Abu Marwan Avenzoar― en la Sevilla del siglo XII, tiene todos los
ingredientes para seguir la estela de aquella primera novela del escritor e ir
mucho más allá: la Andalucía del siglo XII, Marrakech, y una mujer ―personaje
real, además― que ejerció la medicina entonces. Si me gustara apostar, que
tampoco es el caso, pondría un buen puñado de fichas en la casilla donde dijera
que La última noche, que además ha resultado ganadora del V Premio
Ateneo de Sevilla de Novela Histórica, va a ser un éxito.
Pero hay una razón más para que esta novela funcione. Y es que Francisco
Gallardo ―Paco Gallardo, como yo lo conozco― es un gran tipo. Además de buen
escritor, Paco es un médico de reconocido prestigio ―especialista en medicina
deportiva― al que sus pacientes adoran. Me consta. Yo, que soy incapaz de estar
dos días seguidos sin hacer deporte, lo conocí hace diez años, cuando fui a que
le echase un vistazo a mi hombro maltrecho. Rara vez cuando me preguntan por mi
profesión suelo contestar que soy escritor. Ya he contado aquí alguna vez por
qué y no me apetece repetirlo ahora. Pero la casualidad quiso que cuando Paco
me preguntó a qué me dedicaba le contesté que a juntar letras, a inventarme
historias. Me contó entonces que a él también le gustaba escribir. Y, lo que
son las cosas, el tío ya tiene dos novelas publicadas. Decía un poco más arriba
que Paco es un gran tipo. Me explico: hay una cosa que me gusta mucho de él, y
que además valoro mucho en la gente que se acerca a este oficio tan raro de
contar historias. Me refiero a la humildad. Sólo por eso se merece que le vayan bien las cosas. No es infrecuente, por desgracia,
ver a cualquier recién llegado al gremio de las letras desde otra profesión en
la que a lo mejor no le ha ido mal y piensa que ha descubierto la pólvora, que
sabe todo lo que hay que saber sobre la escritura y el trabajo de escritor, e
incluso te da consejos sobre cómo tienes que afrontar la página en blanco o
relacionarte con tus lectores, como si uno, a pesar de llevar tantos años
dejándose las pestañas jugando a imaginemos, no supiera de qué va esto. Siempre
que he hablado con Paco ha mostrado un gran respeto por este
oficio, y eso le ha bastado para ganarse el mío.
Conque, mucha suerte, colega.
© Andrés Pérez
Domínguez, mayo de 2012

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Abrazos,