Nazis en Grecia
Creo que nunca he escrito dos
entradas en el blog en menos de veinticuatro horas, pero hoy es un día triste y hago una
excepción. Lo había escuchado en la radio. Esta tarde un periodista contaba cómo el sicario del partido griego neonazi que ha obtenido
representación parlamentaria conminaba a los periodistas a levantarse cuando
entraba el kapo en la rueda de prensa. Lo acabo de ver ahora. Me he
acordado de mi tía, que me ha contado muchas veces cómo durante la Transición a
veces entraban los ultras en la cafetería de Madrid donde trabajaba y obligaban
a los clientes y a los empleados a entonar el Cara al sol. Todos
cantaban. El miedo tiene esas cosas. Estoy seguro de que por eso algunos periodistas
griegos se han puesto de pie.
He escrito kapo y sicario.
Sí. Por sus modales los conoceréis. La única diferencia que veo con los nazis
de hace ochenta años es que aquellos no llevaban camisetas dos tallas más
pequeñas de las que les correspondía y algunos parecían un poco más sofisticados que estos botarates.
Qué pena. Qué miedo. No hace falta ser un experto. Basta leer un poco: una
crisis brutal, el dinero cada vez con menos valor, y la culpa la tienen los
países más poderosos que nos están chupando la sangre y las minorías de
inmigrantes (antes los judíos; ahora los chinos, los moros, los negros) que nos
quitan el trabajo y el dinero. Basta un líder populista (no hace falta que
tenga estudios o unas mínimas nociones de política) que sepa soltar unas
cuantas frases grandilocuentes en el momento justo y que la llama prenda entre
tanta gente descontenta, desesperada porque no hay un líder capaz de mostrarle
el camino de la salvación.
Ciertos estirados se quejan de
que algunos escritores a veces recurramos a los nazis para aderezar nuestros
libros. Por alguna razón los tarados de las esvásticas nunca han dejado de
estar presentes. A mí me gustaría que sólo existieran en las novelas.
© Andrés Pérez
Domínguez, mayo de 2012
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Abrazos,